ANALISTAS

Incompetencia
jueves, 16 de julio de 2020

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Colombia, ese país que todos creemos maravilloso, ese mismo que es hábitat de una diversidad casi sin igual, es exactamente el mismo en el que sus ciudadanos (en todos los estratos) se organizan para seguir premiando la cultura del atajo y tratando de encontrar en la ilegalidad la mejor forma de emprender. Para muchos, el mayor emprendimiento que han tenido es el de la corrupción.

Hemos tenido gran variedad de carteles: de estupefacientes, del papel higiénico, de la hemofilia, de los almuerzos escolares, de la toga (uno de los más dolorosos episodios de la justicia) y, no podía faltar, del fútbol. Hace pocos días, la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) hizo pública la sanción que impuso a un grupo conformado por dos empresas, TicketShop y Ticket Ya, y a varias personas, dentro de las que se destacan los nombres del confeso Luis Bedoya, en el escándalo internacional de la Fifa, y Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, quienes, según la resolución de la SIC, fueron actores importantes para concretar el acuerdo previo, la materialización durante y la reventa posterior.

El fútbol, que ha servido de distractor de nuestra dura realidad, y la selección, que en esos tiempos despertaba pasiones enloquecedoras porque todos soñamos con ver una actuación como la del mundial de Brasil 2014: esas dos pasiones juntas fueron usadas por estas empresas y, al parecer, los directivos del fútbol colombiano para robarnos, pues además de tener una adjudicación amañada y ser revendidas las boletas, quienes son asaltados en su buena fe no son otros que el comprador, el aficionado y el país.

El mercado de la venta y reventa de boletas no es nada nuevo. Hace unos años denuncié cómo Tu Boleta y otro portal tuvieron al parecer un comportamiento similar cuando se realizó el concierto de Bruno Mars. En esa época fui un perjudicado directo, pues en su momento, para el día del lanzamiento y pasadas tan solo unas pocas horas, el portal anunció agotada la totalidad del aforo, pero curiosamente al mismo tiempo se conseguían las entradas en otro portal… al cuatrocientos por cierto más que el valor oficial. Luego de que este mismo diario publicara la columna, fui objeto de una acción de tutela por parte de Tu Boleta con la que se pretendía obtener una retractación, la cual no prosperó, pero que retomo como ejemplo de la forma en que en el mercado de la venta de entradas para espectáculos públicos se dan muchas “coincidencias” en comportamientos, como los que fueron objeto de sanción.

Somos campeones mundiales para armar carteles para buscar saltarnos la ley y no competir de manera adecuada, pero quienes forman parte de esos mismos son a la vez unos completos incompetentes para generar espacios de negocio y oportunidades sin el concurso de la corrupción. Si tan solo nos ocupáramos de hacer igual de bien las cosas que hacemos mal, Colombia no sería el paraíso para estos personajes que merecen ser desterrados del mundo comercial. ¡No más titulares llenos de malas noticias! No más dirigentes que llegan a sus cargos a hacerse ricos a costa de otros y no más de una ciudadanía que no tiene responsabilidad en su voto. ¿Queremos un país de carteles o un país en el que es posible el cambio? Si su respuesta, querido lector, es como la mía, seguro pensará que su voto no está en ninguno de los dos extremos que nos tienen divididos para que sigan aprovechándose de nosotros como idiotas útiles. Tan solo con nuestro voto podremos revertir nuestra historia. Piénselo, pero hágalo por usted mismo.