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Notre-Dame, la Tierra y Colombia

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En la semana de crucifixión y resurrección se confundieron los pecados capitales y globales; también nuestra historia del tiempo, anclada a símbolos del pasado (Yesterday, Beatles), paralizada en un presente sin valores, que prefiere olvidarse del futuro. De hecho, tuvo mayor difusión el fuego medieval, noches atrás, que el Día Internacional del Planeta.

Como si fuera castigo de Dios, por tantos pecados cometidos en nombre de la religión y el seno de la Iglesia, Notre-Dame sufrió las consecuencias del abandono. El duelo artístico impulsó una subasta entre millonarios; también ofreció donación el Comité Olímpico Internacional (COI), motivado por restaurar dicha catedral antes de los Juegos París’24.

Paradoja, es imposible para un país pobre ser designado sede, y las obras simplemente retribuyeron dividendos sociales en Barcelona’92. La Justicia francesa imputó las elecciones de Río’16 y Tokio’20 por corrupción, y las investigaciones por depredación sexual ensombrecen muchas.

Los valores del COI y los Paralímpicos no contienen la Dignidad y Solidaridad, como ameritarían comunidades resilientes, con prioridades mayores que reparar semejante obra, pese a su ataviada imagen y mística; descontada e injustificada su relación costo-beneficio, ¿sus capitales han sido tan virtuosos con ciudades que sobreviven de milagro? ¿Qué pensarían los dioses del Olimpo?

El analfabetismo moderno quizás nos lleve a ignorar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuyo sentido de urgencia contrasta con la negligencia que continuamos demostrando diversas regiones donde derrochamos recursos naturales y económicos, celebrando su racionamiento, degradación o extinción, mediante la Fiesta del Agua (Indonesia), las Tomatinas (España) o el irracional consumo energético de la Ciudad Luz.

Esto sucede mientras Nature divulga nuevos análisis sobre calentamiento global (Somewhere, Keane), cuya tendencia parece acentuarse y reforzar el circuito pobreza-malestar-conflicto. Es importante señalar que esos fenómenos son difíciles de modelar, por su complejidad y el escaso consenso entre los científicos. Entonces, necesitamos reconocer que los escenarios podrían ser peores de lo que se permite publicar, en atención al rigor (y la sensibilidad).

En contraste, los astrónomos expresan orgullo por fotografiar un hoyo negro, acaso el origen del universo; de hecho, el Observatorio de Astronomía Infrarroja (Sofia-NASA) anunció que, tras el centelleante Big-Bang, el Helio -elemento noble aunque reticente a unirse con otros-, formó con el Hidrógeno la primera molécula de nuestra historia (Nature. Vol.568, 17/04/2019). Nos llevó saberlo 13.000 millones de años (ma); de hecho, la vida (abiogénesis) tuvo origen hace 3.000ma, y nuestra adolescente agricultura (miles) también nació antes que la catedral.

En pocos siglos, nuestra cándida democracia e ingenuidad sobre el pecado capitalista, deshumanizaron la vida y desnaturalizaron el planeta. Reflexionemos sobre nuestros valores y prioridades (Upside-Down, Johnson), pues necesitan reconstruirse antes que esos objetos inertes, o estaremos condenados a vivir escondidos o jorobados, por miedo a las consecuencias o vergüenza con nuestra descendencia.

Presidente Duque, la Copa América es tan nimia, como absurdo que su Plan de Desarrollo baje el IVA de los combustibles fósiles a 5%.

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