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La historia vuelve a repetirse

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Cuando las cosas pasan, pasan porque tienen que pasar. No en vano llevamos más de veinte años hablando de competitividad desde la experiencia de Porter hasta el presente, con el mismo diagnóstico, pero peor, con casi las mismas recetas y remedios, sin aún dar el giro correcto que realmente transforme estructuras y responda debidamente a desafíos y exigencias impuestos por las circunstancias.

Hasta cuando seguiremos así? Para responder a este interrogante considero que aunque se pregone desde el establecimiento en su conjunto, el no seguir haciendo más de lo mismo, la verdad es que en eso seguimos, visible principalmente en la posición de la Comisión Nacional de Competitividad e Innovación, que trasciende a todo el Sistema Nacional y a las 32 Comisiones Regionales de Competitividad.

Basta con revisar con atención el último informe 2013-2014 del Consejo Privado de Competitividad, organismo líder natural del tema, pero además el principal y tal vez único interlocutor válido desde lo privado en un tema eminentemente público, para darnos cuenta que aunque se defienda acérrimamente la diversificación y sofisticación del aparato productivo, el tratamiento para lograr esto, aún no existe.

Al respecto reconozco que gracias a las recomendaciones del Consejo Privado de Competitividad se ha avanzado en tener mayor conciencia sobre la necesidad de rediseñar la política de cambio estructural, diseñar e implementar una nueva institucionalidad para la articulación de ésta política, fortalecer la institucionalidad nacional y local su cargo, y, revisar la caja de herramientas; entre otras.

Sin embargo en el cómo alcanzar la aclamada diversificación y sofisticación, asunto por demás crítico y consustancial para tan esperada solución, el panorama actual adolece de mecanismos que promuevan, nutran y enriquezcan la discusión y el debate, con nuevas y creativas alternativas que respondan efectivamente a ese propósito, pero todavía más grave, ignoran esfuerzos que pueden servir para esto.

Por lo visto y hasta que no me demuestren lo contrario, acá priman los intereses politiqueros sobre el interés general, valen más los compromisos partidistas que el destino nacional, pesan más las exigencias y reclamos que vengan de afuera que las propias y lo mismo sucede al momento de buscar rumbos en la desorientación ó al implementar tratamientos copiados a medias ó mal. No creemos en lo nuestro.

Aunado a lo anterior son varios los sofismas de distracción que han impedido avanzar decididamente al abordar la problemática como debería ser, entre ellos el tamaño de los mercados, la relación universidad empresa Estado ó triple hélice y ahora, que la competitividad e innovación se da en lo local, entre otros, los cuales inhiben una aproximación que lleve a la verdad y con ella venga lo anhelado.

El primero el tamaño de los mercados se relaciona con la obsesión compulsiva con los Tratados de Libre Comercio, vistos como la panacea a todos nuestros males por prestigiosos hacedores de política de corte neoliberal, como los que nos caracterizan; posición desvirtuada al revisar casos de países pequeños que no requirieron de estos para alcanzar el éxito, tal como lo muestra la evidencia.

Respecto de la relación universidad empresa Estado, también conocida como triple hélice, sin lugar a dudas los mecanismos de cooperación y construcción colectiva son aconsejables, no obstante éste en particular, ha caído en cartillas y libretos agotados sobre el tema, porque el alcance e impacto desde lo privado y académico es limitado pero además está sesgado, situación aprovechada desde lo público.

Es así como al sacar partido o ventaja de ésta situación, el Estado ha dejado la tarea a medias, dejándonos al garete, a la deriva del atraso, anclados a la periferia y el subdesarrollo, situación que toma mayor complejidad cuando además busca escudarse con la premisa, ya cuasi-verdad, que la innovación y el desarrollo se dan desde lo local, que termina de agravar la situación al desconocer la trascendencia de las correctas políticas públicas, programas e instrumentos que sirvan desde lo nacional a direccionar, potencializar, alinear y ejecutar las oportunidades locales.

De ahí el viejo tango “Por la Vuelta” que memora un amor que se reencuentra para bien, que entre sus párrafos dice “la historia vuelve a repetirse”, con el cual magnifico que lucho por repetir alguna vez la historia de hechos exitosos y no fallidos, como los que tristemente nos han definido.

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