Como una bocanada de aire fresco fue recibida por los mercados los anuncios de esta semana por parte de Pfizer y BioNTech de una vacuna con 90% de efectividad en la lucha contra el covid-19. El mundo llevaba pendiente de un hecho así hace ya varios meses, y la economía, a pesar de su apertura reciente, aún estaba expectante a una noticia de alguno los cientos de laboratorios que se encuentran en la búsqueda de una vacuna en contra del coronavirus, pero particularmente de las que se encuentran en etapas de prueba clínicas.

Los mercados reaccionaron positivamente a la noticia, al menos así lo hicieron varios de los sectores más golpeados a nivel internacional durante esta pandemia: el precio del petróleo subió en sus referencias Brent y WTI, las empresas relacionadas con sectores como turismo o aviación tuvieron aumento en el valor de sus acciones, y las principales bolsas cerraron al alza. Casi todas las industrias se ven beneficiadas con una vacuna capaz de protegernos efectivamente de este virus. Poco o nada importó en el mercado la ausencia de una publicación en una revista especializada de los resultados de la investigación o la necesidad de que la vacuna requiera de su ultracongelación para el correcto manejo.

En Colombia las reacciones no tardaron; inmediatamente la pregunta que llegó al imaginario era qué tan pronto podríamos tenerla en nuestro país. El Gobierno, encabezado por el Presidente Duque y el Ministro de Salud, venía trabajando ya en una estrategia para alcanzar a hacerse con la vacuna desde el inicio de la pandemia a través del mecanismo Covax, e inmediatamente informó que se estima que Colombia contará con 15 millones de personas vacunadas el próximo año y que la vacuna de Pfizer llegará a Colombia en el primer semestre del 2021. Bienvenido el trabajo del Gobierno, quien de manera calmada y sesuda ha ido abordando las peripecias que esta pandemia ha traído al país.

Casi al mismo tiempo, los enemigos de la empresa privada alzaron su voz en Colombia buscando la inmediata estatalización del proceso de inmunización. Contrario al sentido mismo de la carrera contra el covid que han surtido los diferentes laboratorios, quien en una competencia profunda por ser los primeros han llevado a que hoy podamos contar con una luz de esperanza, los mismos políticos de siempre que nada bueno ven empezaron a referirse a la necesidad de una distribución democrática y el rompimiento de “monopolios neoliberales”. Que miopía absurda la que los guía.

Lo único cierto es que aun ante un anuncio que debe unirnos y que llevamos esperando por tanto tiempo, no faltan las voces contrarias que aún no logran entender las virtudes que brindan los procesos no centralizados en la investigación y desarrollo. La empresa privada, como hemos venido argumentando desde nuestra llegada al Senado, es la casa común de los colombianos; en esta pandemia, además, la empresa es el motor que tira del carro en la reactivación económica, el pilar fundamental en la construcción un mejor porvenir social, y además la fuerza creadora del avance científico más deseado de los últimos años: la vacuna contra el covid-19. Ese discurso mal añejado de la estatalización de las actividades humanas cada vez está más desvirtuado.