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Analistas 06/08/2022

Un mal presagio

Francisco Mejía Sendoya
Presidente del Banco Agrario de Colombia

El proceso de empalme se trata de un ejercicio para que el gobierno entrante entienda las diferentes entidades que recibe y tenga la oportunidad de hablar con funcionarios salientes sobre temas que pueden contribuir a su buena gestión. Por esa razón, ese debe ser un proceso eminentemente técnico, como en efecto ha sido la tradición en nuestro país, y no un acto de oposición política al gobierno saliente.

Desafortunadamente, el nuevo gobierno del presidente Petro ya empezó su prometido cambio y tiró por la borda la tradición de empalmes técnicos y convirtió el proceso en un circo político. Un ejemplo de ello es la narrativa falsa que presentaron del Banco Agrario, del cual emitieron una alerta crítica en su informe ejecutivo consistente en la “descapitalización del Banco Agrario por $700.000 millones”. Además, aseguran que el Banco Agrario abandonó su misionalidad y no le llega a los más pobres, cosa que la nueva ministra de Agricultura repite en varios medios.

Y para acabar de torcer la realidad, en la rueda de prensa del Hotel Tequendama, uno de los líderes del empalme dijo sobre el supuesto extravió misional de la entidad que “Pudimos evidenciar que en su misionalidad deja asuntos importantes y se dedico un buen porcentaje del presupuesto a desarrollar proyectos inmobiliarios” lo cual por su puesto es falso, entre otras cosas porque ese tipo de inversiones están prohibidas a los bancos por ley. Ningún respeto por la verdad y si una afinidad y especie de adicción a la mentira, total desdén por el rigor técnico; al fin y al cabo, eso les funciono, así ganaron la presidencia y todo indica que así van a gobernar.

En La FM salió el coordinador del empalme, exsenador Mauricio Lizcano, en actitud muy solemne y con tono grave sintetizó el resultado del mismo, y destacó, cómo no, su rigurosidad técnica. En su resumen de lo más crítico dijo “hay descapitalización del Banco Agrario”. Ante tamaña afirmación, el Dr. Fernando Quijano le preguntó que de dónde sacaba esa conclusión, toda vez que el Banco había emitido un comunicado donde decía que su solvencia estaba en 15,72%, mientras que la solvencia promedio del sistema financiero se ubicaba en 16,2%, siendo este indicador lo que mide la suficiencia de capital en un banco.

Ante la pregunta, el señor Lizcano abandonó su tono grave y balbuceando “corrió la línea ética” diciendo que las cifras del banco eran “narrativas oficiales que no necesariamente son las reales”, y también se refirió a una operación de escisión del capital del banco en 2019 que fue pública, en donde se sacaron $700.000 millones para la creación del Grupo Bicentenario; operación que no afectó la solvencia del banco y por ende su capacidad de crecimiento, como se demuestra con el hecho de que el banco con su capital actual puede colocar $14,9 billones más, o sea, más de 90% de su cartera actual antes de llegar al límite regulatorio mínimo de solvencia.

Posteriormente, el Dr. Quijano le volvió a pedir una respuesta técnica sobre su afirmación frente a las cifras del banco y le dijo que si no le preocupaba que eso pudiera causar un pánico económico, y ahí, ante la falta de una respuesta idónea, Lizcano se descompuso y las emprendió furioso contra el Dr. Quijano, acusándolo de estar parcializado a favor de funcionarios del gobierno saliente.

Luego, Luis Carlos Vélez terció y le dijo que lo único que pedían era una respuesta técnica frente a las cifras del banco, y el señor se enfureció aún más y solo le quedó blandir unos supuestos títulos en Harvard, como si sus presuntos cartones le confirieran a sus asertos la categoría de artículos de fe, y abandonó bravo la entrevista.

Luego, me entrevistó Julio Sánchez en La W, esta vez con la coordinadora de empalme de Minagricultura, Jennifer Arias, quien, ante la contundencia de las cifras del banco, negó que ella hubiera dicho lo que dijo, ante lo cual Julio le dijo que deberían rectificar el informe.

El Banco Agrario lo entregamos dando utilidades en el 2021 de $779.000 millones, más de tres veces la cifra de 2018, mientras que los pequeños productores pagaron las tasas más bajas de la historia y recibieron $9,66 billones en créditos blandos, 40% más que en el cuatrienio anterior, e hicimos desembolsos récord también en mujeres, jóvenes y municipios Pdet. Cae el telón de un circo político llamado empalme, qué mal presagio…

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