Analistas

La falta de libertad en Colombia

La libertad es uno de los pilares que debe tener toda sociedad justa. Tras milenios de restricciones, hoy se ha generalizado en el mundo la idea de que todo ser humano necesita vivir libremente. Colombia no es la excepción. Nuestro país valora este principio pero la realidad es que pocos lo disfrutan. No me refiero a las personas que están presas o tienen dificultades para movilizarse pues eso es tan solo un tipo de libertad, sino a la libertad de disfrutar de las oportunidades para que cada quien haga con su vida lo que desee. Ese es un derecho básico, por lo menos en teoría, en repúblicas democráticas como lo es la nuestra.

La libertad es considerada históricamente como un derecho irrefutable a priori. Quien desee limitarla, tiene la obligación, tal como lo planteó el reconocido filósofo inglés John Stuart Mill, de demostrar el porqué se justifica dicha restricción. 

Por ejemplo, nadie es libre de matar a otra persona pues, se puede argumentar, que ello atentaría contra los derechos del otro; sin embargo, en el caso de gozar de la libertad para hacer de su vida lo que cada cual desee, no existe una justificación válida para contenerla. 

Existen limitaciones prácticas que consisten en argumentos como: “no hay suficientes recursos”, “los impuestos son injustos pues cada cual merece lo que ha construido” y “el estado no debe involucrarse en la economía para redistribuir ya que la vuelve ineficiente”.

No comparto ninguna de estas afirmaciones. Primero, si partimos de la base de que buscamos la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos, los recursos no serían una limitante puesto que si se distribuyen equitativamente en una sociedad, se podría llevar a todos al máximo nivel de oportunidades. Segundo, el derecho a cobrar impuestos se da en el momento en que reconocemos que la sociedad y el sitio donde nacimos es responsable de un altísimo porcentaje de lo que poseemos. 

Tercero, se ha demostrado ampliamente que el mercado perfecto no existe debido a asimetrías de información; por ende, en estos casos, una intervención gubernamental es crítica. La igualdad de oportunidades de bienestar, a la que debemos aspirar como sociedad, implica que toda persona nacida en el territorio colombiano necesita afrontar los mismos obstáculos para llegar a una meta común. 

Para dar un ejemplo extremo, alguien que nace en una familia pobre del Chocó debería enfrentar las mismas dificultades y retos para ser CEO en una gran empresa frente a quien nace en el seno de una familia adinerada y bien conectada. En este momento, estamos lejos de lograr esto. Nuestra Constitución como documento que recoge la visión de la sociedad colombiana, producto del ejercicio del derecho al autogobierno del pueblo, es clara en este aspecto al afirmar que “Todas las personas nacen iguales y libres ante la ley…. gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades”. 

El incumplimiento permanente de nuestra Carta Magna no es una gran novedad porque a diario se ven este tipo de casos; no obstante, el hecho de que la gran mayoría de los colombianos vivan “encadenados”, tomando la magnífica imagen que utiliza Rousseau en las primeras líneas de su magnum opus El contrato social, sí es un problema de fondo. Más allá de los partidos políticos y los debates ideológicos, que la mayoría de ciudadanos no sean libres es suficientemente grave para lograr la promoción de un acuerdo nacional que garantice la igualdad de oportunidades.