Analistas

Bienvenido el debate económico

A seis meses de la primera vuelta presidencial, el proceso de paz y las Farc tienen tan polarizado al país que poco se ha discutido sobre la economía, que de lejos será el asunto más importante del próximo cuatrienio. El mediocre crecimiento proyectado de 1,8% para este año, debería recordarnos el famoso eslogan ganador de Bill Clinton: “Es la economía, estúpido”.

Desafortunadamente, el debate económico hasta ahora ha sido pobre. Esta semana, la propuesta de Vargas Lleras puso el tema sobre la mesa. El candidato acertadamente resaltó la pésima situación tributaria en la que se encuentra Colombia respecto a la creación de empresas. Seguidamente, candidatos de todas las estirpes unieron su voz a esta realidad.

La economía básica habla de una regla que explica que después de cierta tasa impositiva, el recaudo total empieza a reducirse y deja de ser eficiente. La razón es que algunas compañías quiebran, otras deciden irse a países con mejores condiciones, incluso, el incentivo para trabajar es menor al recibir menos ingresos por el tiempo dedicado; así, el tiempo libre se vuelve más costoso.

Colombia ya pasó por este punto óptimo, con una tasa que ronda el 70% en los últimos diez años; una de las cinco más altas del mundo de acuerdo con el Foro Económico Mundial. Esto es insostenible. Disminuir la tarifa es algo necesario que de por sí incrementaría el recaudo y reactivaría el empresariado. Propuestas como la disminución de la evasión y el contrabando, tasado en ochenta billones de pesos al año, y la implementación generalizada de la factura electrónica -acción que según el presidente de la Andi, Bruce Mac Master, aumentaría el recaudo en 7%- fueron acertadas y tuvieron un amplio consenso.

Una buena estructura tributaria es crítica para abonar el terreno y hacerlo fértil para la meta final que es potenciar el crecimiento económico y llevarlo a tasas competitivas a nivel mundial. Como fiel alumno de las ideas del Nobel de economía Stiglitz, el profesor José Antonio Ocampo proponía recientemente el conocimiento como un pilar de la estrategia de crecimiento. Inversión en ciencia y tecnología que se derivan en innovación, afirmó, es la manera de lograr acciones para la industrialización.

Adicionalmente, el miembro de la junta del Banco de la República habló de la inclusión productiva en cuanto la informalidad perjudica la capacidad de las empresas. Según él, en Europa una compañía que se formaliza dobla su productividad; en Colombia podría hacer que sea diez veces más. A estas iniciativas se les debe agregar un fuerte énfasis en el desarrollo de la primera infancia, la cual, de acuerdo con el Nobel James Heckman, es la inversión que mayor retorno le da a una sociedad. Se requiere además una reforma a la justicia pues sin reglas claras y un robusto imperio de la ley pocas compañías salen adelante.

Por último, y como lo he escrito en varias columnas, se debe hacer hincapié en una política industrial moderna para que el Estado participe en la selección de áreas estratégicas en las cuales, mediante acciones bien diseñadas, sea posible superar las deficiencias de información y se logre la coordinación natural de sectores no establecidos para impulsar la industria tal y como lo hicieron los tigres asiáticos.

En buen momento un candidato pone sobre la mesa el tema más crítico del debate electoral que se avecina. Que sea el principio de una campaña con propuestas serias y realizables.