Analistas

UE: Bodas de diamante

El 25 de marzo se cumplen 60 años de haberse suscrito los Tratados de Roma, que configuraron la Comunidad Económica Europea y la Comunidad Europea de Energía Atómica, tratados que, junto al de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, que los precedió desde 1951, cristalizaron las primeras organizaciones interestatales supranacionales que le dieron al continente europeo paz duradera mediante una integración económica.

Este sexagenario matrimonio polígamo, que se efectuó con 6 miembros y hoy cuenta con 28 y se le conoce como Unión Europea, UE, celebrará sus bodas de diamante en medio de una evidente crisis, donde uno de sus miembros ya anunció su intención de divorciarse y otros alimentan su escepticismo. Como todo matrimonio -para subsistir- necesita una apuesta decidida de los contrayentes, sin embargo, si nos guiamos por los resultados de la reunión en Versalles de los líderes de los cuatro países más grandes que luchan por salvarlo, el panorama no es alentador. 

Angela Merkel, François Hollande, Mariano Rajoy y Paolo Gentiloni, líderes de Alemania, Francia, España e Italia abogan por una UE que avance a varias velocidades que les permita sobrevivir como bloque al Brexit (divorcio con los británicos) y a la fuerza de los populismos. Partidarios de diferentes niveles de integración en ámbitos clave para posibilitar que aquellos países que lo deseen puedan “ir más rápido”, sin excluir al resto. Carentes de ideas nuevas, el encuentro de Versalles ofrece una cooperación diferenciada, que se exploró en lo que fuera su tránsito de un mercado común a un mercado interior -y que muchos entendemos como una de las causas de la crisis actual- que, en su momento, no facilitó el entusiasmo, sino el interés diferenciado sobre una Europa a la carta.

Hoy, con una estrategia de cooperación diferenciada, sobre la base de cinco escenarios posibles propuestos por la Comisión Europea -que hace las veces de consejero conyugal-, se quiere rescatar el matrimonio europeo con un Libro Blanco: 1. Seguir con el mismo modelo de integración imperfecto con sus ventajas y desventajas. 2. Mercado único centrado en la economía, olvidado de una política común en defensa, refugiados, inmigración o seguridad. 3. La Europa de dos velocidades, en función de las sensibilidades que ya existe y que, con cláusulas opt-out y opt-in, permite a los Estados miembros quedar al margen de aspectos concretos (Reino Unido, Irlanda, Dinamarca o Suecia en seguridad, interior, Schengen, inmigración o, incluso, a otra escala, en la moneda única). 4. Hacer menos, pero hacerlo mejor, en otras palabras, federalizar todo lo que se llegue a acordar, y devolver todo lo demás a los miembros. 5. El sueño federal que supone dejar de lado los miedos, recelos nacionales y las luchas por competencias y soberanía, buscando una respuesta europea a todo.

Este aniversario debe recordar a propios y extraños que es hora de sincerar el discurso nacional sobre la UE y asumir los costos internos de una apuesta que inició hace más de 60 años y que no es la responsable del retroceso del Estado de bienestar. Justificar fracasos internos a nombre de la UE cuando se enfrenta la amenaza de Putin y Trump, los populismos de Wilders -frenado en Holanda en los recientes comicios-, de Le Pen, Petry, Salvini, Farage y otros que solo quieren destruirla y rechazar a los inmigrantes merece, como lo señalamos el 09.02.2017, menos desgano y más liderazgo, democracia y participación.