Sabía de la gravedad de su salud por él mismo, sabía de su operación a corazón abierto y la metástasis de un cáncer de páncreas y colon que lo golpeaba. Se había debilitado mucho, sin embargo, me llamaba continuamente para indagar cómo avanzaba Liliana, mi esposa, en su proceso de recuperación.

Pendiente de sus amigos, así manejo sus procesos políticos. Era un humanista a carta cabal que dejó huella y será ejemplo para la vida pública de este país.

Sufrió amenazas de muerte y constantes ataques que enfrentó con la frente en alto y sin odios. Defendió la justicia y el orden dentro de la institucionalidad. Transformar la sociedad, sí, pero sin violencia, sin armas, todo a través de la concertación y reglas de juego claras.

Llegó a Barranquilla a la Universidad del Atlántico como jugador de básquetbol y sus compañeros lo bautizaron Copetran por el transporte que utilizaba para ir y venir a su natal Santander. Se casó con la barranquillera Rosita Moncada, cuyo vínculo lo hizo jugar de local en nuestra ciudad.

Fuimos compañeros de lista 60 de la Constituyente que organizamos dentro del Partido Liberal y el Poder Popular: Horacio Serpa, Guillermo Perry y yo, con el eslogan “Para vivir de otra manera”. Promovió permanentes reuniones con el director del partido, Alfonso López Michelsen; el presidente de la República, César Gaviria; y la bancada para que los principios de equidad y justicia social quedaran incluidos en la Constitución del 91.

Como ministro del Interior se convirtió en el escudero de Samper. Con gracia, gran capacidad oratoria y con expresiones como “mamola” y “ni chicha ni limonada” se hizo aún más cercano a las clases populares.

Luchó con audacia para llegar a la Presidencia de la República en tres ocasiones y me honró con la coordinación de sus campañas. En la Dirección del Partido Liberal también lo acompañé en su trasformación estatutaria.

El 7 de noviembre de 1999, en Paris, el Partido Liberal recibió su aceptación como miembro pleno de la Internacional Socialista, y Serpa como director de la colectividad estaba en turno como orador, sin embargo, en un gesto de gallardía política cedió ese honor a López Michelsen quien no lo aceptó, pero Serpa insistió y López pronunció la famosa frase que ratificaba al Partido Liberal como líder del cambio social que nunca aboliría la propiedad privada, sino buscaría la reforma gradual de la sociedad para reducir desigualdades.

En 2008 ganó la Gobernación de Santander y yo Atlántico, y nuevamente trabajamos en llave en la Federación Nacional de Departamentos para reforzar las finanzas territoriales y la autonomía de las regiones.

Después llegó al Senado donde nos acompañó y apoyó el trámite de la Ley de Regiones, pero sabiendo sus dificultades de salud cedió ese espacio a su hijo Horacio José, quien seguro será referente de la política nacional.

Con Rosita y sus hijos conformaron una familia muy unida, ejemplo para quienes los conocíamos. Dedicaba largas horas y mucho amor a resolver los requerimientos de gente muy humilde.

La paz era su obsesión y la consideraba indispensable para Colombia, trabajo con determinación para lograrla.

Su máxima enseñanza para hacer política era que los líderes podrían tener todas las cualidades, preparación y voluntad, pero si no tenían ‘cuero duro’ para enfrentar la adversidad seguramente no triunfarían.

Honradez, pulcritud, lealtad, caballerosidad, amistad y solidaridad son sus grandes legados que nos corresponde continuar enfatizando en la política para que el Partido Liberal y las ideas socialdemócratas ayuden a construir una sociedad más justa. Horacio, mi amigo, hiciste la tarea, descansa en paz.