Analistas

El camino a la paz no existe toca construirlo

Cantares, la bella poesía del español Antonio Machado, invita a reflexionar sobre el camino a la paz. Este camino no existe en la actualidad, debe ser construido por todos en un ambiente de tolerancia y buenas intenciones. Los millones que amamos la paz lograremos salir de la tragedia del conflicto armado que nos desgarra.

Se hace camino al andar, dice Machado. Son tus huellas el camino y en la actualidad, por desgracia e infortunio, esas huellas son de violencia, corrupción, desesperanza e inseguridad; asimismo, el camino construido muestra una odiosa desigualdad, pobreza y miseria. Un nuevo camino llama a la puerta y este tiene que ser construido en medio de la diferencia y la dificultad.

Igualmente, el poeta enseña, insistentemente, que al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de pisar de nuevo, un camino tiene que ser abandonado para no quedar convertido en estatua de sal, como lo enseña la Biblia: el camino de la guerra entre hermanos.

Nuevas huellas son requeridas con urgencia por la sociedad civil. Para hacerlas realidad, para pisarlas con fuerza tenemos todos que crear una conciencia y voluntad mayoritaria que posibilite el sendero de la paz, y necesariamente deben ser derivadas de firmes y fuertes pasos de reconciliación y perdón entre hermanos. 

El profeta Isaías señala y enseña que “la obra de la justicia será la paz”. Esta máxima de sabiduría es incontrovertible, pero no es menos cierto que el hombre debe saber vivir en el tiempo que le tocó, tiene que precisar qué puede lograr y qué no. Este es el tiempo de la superación del conflicto armado, la paz se construirá más tarde. Claridad en las metas inmediatas, mi propuesta.

Estos son tiempos para hacer realidad el nacimiento de un escenario de confianza entre las partes combatientes y la sociedad civil para que se produzca la desmovilización de los grupos armados y la desmilitarización de la vida civil. Un escenario que haga posible una futura justicia perfecta es el que se requiere hoy. Paso a paso se construirá posteriormente la paz.

Esa perspectiva -la de que se logre la desmovilización del movimiento armado ilegal que permanece en el conflicto armado- está a la vista, lo que es un tremendo logro que no puede ser puesto en peligro. No obstante, no podemos pasar por alto que la negociación política es ante todo un proceso político que nos debe conducir a la deliberación sobre los orígenes de la guerra y los medios que impiden su renacimiento, en la medida en que es una exigencia ética.

Una exigencia ética que le ofrecerá soporte y seguridad a la política de paz de la Nación, no la del Gobierno. En otras palabras, la política de paz de un Gobierno nos atañe a todos, por lo que nos pertenece a todos. En este sentido, la política de paz requiere altísima publicidad, transparencia y ser rodeada de legitimidad. Una política de paz no le pertenece a los combatientes y a sus representantes. Una política de paz tiene que ser participativa, y es por ello, que la deliberación está al orden del día.

Finalmente, una política de paz de un gobierno por sus implicaciones para la seguridad de una Nación, no puede ser sometida a sospechas ni a críticas radicales, se requiere la crítica, pero teniendo como norte lo razonable de cómo hacer posible la superación del conflicto armado. La crítica es bienvenida al lado del respaldo que debe ser ofrecido. Las huellas de la superación del conflicto armado tenemos que crearlas todos, con puntos de vistas distintos, pero con compromisos comunes. ¡Propongamos!