Analistas

Unidad frente a la coyuntura

Es hora de contribuir al optimismo en medio del crítico panorama de las últimas semanas. El fallo adverso de la Corte Internacional de Justicia  es la cereza que rebosa la copa en la cascada de noticias negativas que elevaron el pesimismo de los colombianos y pulverizaron la escasa credibilidad del Gobierno.  El país necesita un timonazo para recuperar la fe en sus instituciones, tan seriamente cuestionadas, y es indispensable un viraje en la política de la Casa de Nariño para recuperar el liderazgo que exige la actual coyuntura. Si hace algunos meses mirábamos con preocupación la debilidad del Gobierno para enfrentar las negociaciones de paz, hoy es inaplazable convocar a la unidad de todas las fuerzas vivas de la Nación para encontrar caminos de convergencia de cara al inmediato futuro. En la praxis, se impone una crisis ministerial que dé al país un mensaje diferente, y un cambio de actitud en la Vicepresidencia, aprovechando la satisfactoria recuperación de salud de Vargas Lleras. 

La economía pareciera que quisiera darnos un segundo aire en esta etapa crucial. La recuperación del precio del petróleo que cambió su tendencia debido principalmente al descenso de la oferta en los Estados Unidos y al aparente cambio de políticas entre algunos estados petroleros, tendrá un efecto directo sobre la tasa de cambio deteniendo de contera la depreciación de nuestro peso. Si a eso le sumamos la cifra del crecimiento del Producto Interno Bruto que publicó el Dane, de 3,1% y que significó un alivio para la economía, podríamos tener un panorama más optimista, frente al futuro inmediato, especialmente en lo que tiene que ver con la eventual firma de un acuerdo de paz y en el remezón que va a significar la necesaria reforma tributaria, que no da mas espera, y que sin lugar a dudas, golpeará, desafortunadamente, a los sectores más débiles de la población, a menos que Gobierno y Congreso encuentren el equilibrio que aminore la inequidad y haga pagar a los que más dinero tienen. 

Esos signos alentadores y esos retos, no pueden alejarnos de la política real. No todo es color de rosa en las cifras de crecimiento económico, pues al desglosarlas, se encuentra que son los sectores financieros, de seguros y de actividades inmobiliarias, los que contribuyeron positivamente, pues otros sectores básicos de la producción siguen sin levantar cabeza, pese a las condiciones cambiarias favorables. De igual manera, no son tranquilizadoras las cifras del sector agropecuario cuyo crecimiento se mantuvo gracias al café que creció 15,6%, por una buena cosecha y por la tasa de cambio favorable, y las de las importaciones, que castigan duramente la cuenta corriente llegando a 6,5% del PIB, cifra preocupante entre economías similares del planeta.

Otro desvelo llega por el incremento descomunal del área cultivada de coca en el país. Hace unos días el Gobierno reconocía una cifra de 69.000 hectáreas. Hoy, aterra el dato de la Oficina Nacional para el Control de las Drogas de la Casablanca, que habla de 159.000 hectáreas, lo que nos coloca en ceros en cuanto a la lucha contra los cultivos ilícitos. Teníamos razón, cuando con ocasión del show de Washington, señalamos que no había razón para tan colorida y tropical celebración. La política de control y erradicación de coca tuvo grandes desacierto por su énfasis en el componente militar, por la vulneración de derechos humanos y por los efectos sobre la ecología del país, que al fumigar 1,6 millones hectáreas, según informe de la Oficina de Washington para América Latina WOLA, destruyó aguas, cultivos, bosques y atentó contra la salud de miles de campesinos, cultivadores y no cultivadores.

Forzoso es concluir que, si bien es cierto, hay algunas señales positivas en el firmamento que invitan a reconstruir el optimismo perdido, persisten problemas estructurales que requieren liderazgo y reconstrucción del sentido de unidad nacional mas allá de los egos y la política.