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Analistas 13/10/2026

Índice global de innovación 2026 y el reto de ampliar capacidades

Diego Hernández Losada
Rector de la UAO
Diego Hernández Losada
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La publicación, el pasado 29 de septiembre, del Índice Global de Innovación 2026 (GII 2026, por sus siglas en inglés) ofrece una nueva oportunidad para reflexionar sobre las capacidades que el país necesita para avanzar hacia una sociedad del conocimiento.
Colombia ocupa este año el puesto 78 entre 139 economías, siete posiciones por debajo del año anterior. Sin embargo, el puntaje apenas cambia al pasar de 28,48 en 2025 a 28,62 en 2026. Hay, además, variaciones en los datos, en los años de observación y en la metodología, de modo que el resultado exige una lectura cuidadosa. Más que detenernos en si mejoramos o desmejoramos, vale la pena preguntarnos qué hay detrás de esa cifra.

Contamos con capacidades relevantes en el sistema universitario, en la sofisticación empresarial y en ciertos aspectos de la absorción tecnológica. Las exportaciones de servicios de tecnologías de la información y las comunicaciones, por ejemplo, pasan del puesto 70 al 52. Al mismo tiempo, aparecen señales que merecen mayor reflexión, entre ellas el puesto 93 en instituciones y el 81 en resultados de conocimiento y tecnología.

Desde el enfoque de capacidades, esto obliga a mirar más allá de los recursos disponibles, pues contar con talento humano, infraestructura, empresas o instituciones de educación superior es fundamental, pero no suficiente si no existe un entorno favorable que permita convertir esos activos en logros valiosos y en un mayor bienestar para las personas y la sociedad.

En ciencia, tecnología e innovación, esto supone no solo fortalecer la formación de talento humano, la infraestructura científica y digital y los mecanismos de financiación, sino también generar condiciones que favorezcan una relación más efectiva entre universidades, empresas, Estado y sociedad, entendiendo que la articulación entre actores no reemplaza la construcción de capacidades, sino que amplía las oportunidades para que estas se desplieguen y generen mejores resultados.

Generar conocimiento sigue siendo primordial, pero su valor crece cuando puede movilizarse para resolver problemas, mejorar procesos, impulsar nuevas empresas, transformar organizaciones y ampliar oportunidades. Allí aparece uno de los retos más importantes para el país, que consiste no solo en producir conocimiento, sino también en construir los entornos que permitan su circulación, aplicación y diálogo con necesidades concretas.

Las universidades tenemos una responsabilidad particular, no solo porque formamos profesionales y generamos conocimiento, sino también porque debemos contribuir a crear entornos en los que la investigación, la innovación, la tecnología y el emprendimiento dialoguen con los desafíos productivos, sociales y ambientales de los territorios.

Esto también debería llevarnos a revisar cómo entendemos la territorialización de las políticas de ciencia, tecnología e innovación, reconociendo que los departamentos y las subregiones parten de condiciones muy distintas y que, por lo tanto, aplicar un mismo instrumento en contextos diferentes no garantiza, por sí solo, la expansión de capacidades.
El GII puede ser útil precisamente en esa dirección, no solo como una tabla de posiciones, sino también como referencia para orientar la toma de decisiones y comprender dónde radican los principales desafíos del país. El reto de Colombia no consiste únicamente en mejorar posiciones, sino en ampliar nuestras capacidades humanas, científicas, tecnológicas, empresariales e institucionales, así como en crear el entorno para que estas se desplieguen con mayor fuerza en favor del bienestar, la productividad y el desarrollo territorial.

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