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La tradición del año viejo en Colombia consiste en quemar un muñeco que simboliza el fin de un periodo. Recuerdo que en las diferentes ciudades en las que crecí estos muñecos representaban figuras de la política o la cultura colombiana que fueron icónicos durante ese año. Recuerdo también la cantidad de pólvora dentro del muñeco y el espectáculo una vez se quemaba con música, ruido y fiesta.
Con el paso de los años, he visto como esta figura se ha ido transformando. Lo que antes era un evento en el barrio ahora ha pasado a ser casi que un ritual individual. Hoy, el muñeco se vende en tamaño pequeño como kit para que cada persona pueda hacerlo en su casa y acorde con sus necesidades.
Su quema se asocia a dejar las cosas negativas y renovar el nuevo año para volver a empezar otro ciclo.
En estos últimos días del 2024, me pregunto si vale más la pena escribir todo lo malo y quemarlo como un símbolo de dejarlo atrás, o si sería mejor enfocarse en escribir lo positivo que surgió de lo malo, para aprender y crecer a partir de ello.
Quizá piensen que esto es algo de positivismo tóxico, pero en realidad lo pienso como una forma de abrazar las situaciones complejas y retadoras de la vida de una manera diferente.
Por más años viejos que se quemen, nada garantiza que dicha situación no se vuelva a repetir. Más vale interiorizar y comprender qué sucedió, y tratar de esclarecer qué pudimos haber hecho mejor y cómo podemos estar más preparados en medio de tanta incertidumbre.
Lo que debería quemarse, entonces, no es el evento o el hecho en sí mismo, sino las posturas y las reacciones que quizá nos llevaron por caminos dolorosos o angustiosos.
Mucho se habla de la importancia de la retroalimentación o el feedback desde el liderazgo, pero ¿cuántas veces los líderes hacen una auto reflexión al finalizar un año? Cuando reflexionamos sobre lo sucedido, podemos cuestionar nuestro actuar con mucha más calma e identificar áreas de mejora. De vez en cuando sirve darse unas palmaditas en la espalda para felicitarnos y en otras vale la pena ser críticos con nosotros mismos.
Seguramente, como líderes se enfrentarán en 2025 a momentos difíciles y será importante no quemarlo todo tratando de olvidar, sino recordar aquello que los volvió más fuertes. Como mencionan las profesoras Empson y Howard-Grenville en su artículo “Cómo liderar cuando el futuro se siente impredecible”, en los momentos más inciertos es clave recordar el concepto náutico “hold fast”, que significa aferrarse a algo sólido y seguro que haya resistido tormentas anteriores, para evitar caer por la borda.
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