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Los próximos 50 años

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Con justificada razón el país ha realizado durante los últimos siete años, y de la mano con el proceso de paz, una juiciosa reflexión de lo que ha sido la historia de Colombia durante los últimos 50 años. Se han establecido comisiones de la verdad de lo que ha sucedido y del recuento histórico que han venido recopilando los elementos que llevaron a tantos años de violencia. Igualmente se reconstruye el itinerario de las víctimas y victimarios en la búsqueda de la reparación a los primeros y el reconocimiento de los segundos para buscar por este medio sanar las heridas y los odios que han quebrado la estructura social.

No hay duda que todo este andamiaje que incluye un sistema de justicia especial tiene desde el punto de vista teórico y académico toda la justificación, pero desafortunadamente su implementación lejos de sanar y conciliar ha provocado más enfrentamiento y más fractura social. En efecto, sectores de la sociedad cuestionan la construcción de una historia “oficial” escrita con los sesgo inevitable que es propio de las orientaciones ideológicas de los autores, cuestionan la forma en la cual se identifican víctimas y victimarios y cuestionan el marco de justicia que se acordó con la guerrilla desmovilizada.

Este cuestionamiento va desde las deliberaciones democráticas en el Congreso, pasando por los discursos de la campañas presidenciales, hasta las más sangrientas expresiones que incluye el asesinato de líderes sociales encargados de la restitución de tierras, que es uno de los mecanismos de para reparar la muchas víctimas.

Podríamos afirmar sin temor a equivocación que los colombianos nos enredamos en este proceso. Nos quedamos en la discusión del huevo y la gallina. ¿Quién originó la violencia? El Frente Nacional o las guerrillas que lo combatieron. ¿Quién la escaló? El paramilitarismo o las Farc. ¿Cuál fue la causa y cuál fue el efecto? ¿Qué responsabilidad le cabe al Estado? Y ¿qué responsabilidad le cabe a los otros autores de nuestra historia reciente?. La pasión que despiertan las diferentes posiciones respecto a estos temas nos ha llevado a que en este debate electoral nos hayamos quedado patinando en los últimos 50 años de historia y nos hayamos olvidado de pensar que queremos para los próximos cincuenta años. Me dirán que sin resolver lo primero no podemos avanzar en lo segundo pero por el contrario creo que de la mano de la reflexión histórica se puede construir futuro.

Según el Dane casi 40 millones de colombianos son menores de 40 años, esto es 82% de la población y a esos colombianos les preocupa más qué pasará en los próximos 50 años y no que pasó en los últimos cincuenta. Hasta donde conozco ninguno de los candidatos ni de los protagonistas del debate que nos tiene en este remolino es menor de 40 años y más allá de la importancia de los temas que ocupa el debate es necesario abrir un gran espacio a la discusión del futuro. En un Estado en el cual el modelo económico ha hecho crisis y que pretendemos remendar con reformas fiscales, en el cual el sistema educativo ha hecho crisis y nos negamos a aceptarlo, en el cual el sistema de salud pública está en cuidados intensivos, en el cual la justicia es poco justa, en el cual los partidos desaparecieron y la corrupción se tomó todos los niveles de la sociedad, no será que nuestra prioridad está en mirar hacia delante.

Necesitamos líderes visionarios que se imaginen un país con prosperidad y bienestar, sin pobreza e instituciones fuertes en el cual florecerá una paz duradera.

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