Analistas

¿Publicidad política?

Desde los inicios de la actividad comunicacional en el mercadeo se ha reconocido y valorado lo que la actividad publicitaria significa, no solamente para quienes hacen uso de ella como actividad estimuladora de acciones, sino para la sociedad en general; gracias a su efecto, los mercados se informan y estimulan a actuar, los anunciantes pueden lograr utilidades y mejorar los sistemas cuya consecuencia no es otra cosa que un mejor nivel de vida para todos. Pero…

Desafortunadamente, como en todo, hay malos anunciantes y publicistas, que aprueban lo que éstos les presentan, siendo ambos igualmente responsables de las consecuencias en todos los campos. Hoy, la tecnología permite que los receptores/perceptores de los mensajes puedan interactuar con quienes los elaboran, aprueban y emiten para hacer valer derechos y principios éticos, morales, sociales, económicos, etc., y reclamar ante los responsables y el Estado, para prevenir posibles consecuencias funestas. Vale recordar al llamado padre de la publicidad, David Ogilvy, cuando se refirió a la inercia de ella, indicando que se tiene que tener en cuenta el efecto sicológico de lo que se dice.

Andre Jaffe, editor de la revista Adweek, dijo que la industria debería “hacer más rigurosas las normas y desechar todo cuanto sea engañoso, falso o de mal gusto e irresponsable”.

William Arens, en el libro Comtemporary Advertising (McGraw Hill, 2006) se refiere en todos los capítulos a lo que significan la ética, la moral y la responsabilidad de la publicidad, y dice que “la publicidad está pasando por una transformación de dimensiones sin precedentes: dejó de ser un monólogo para convertirse en un diálogo democrático… porque la publicidad, más que un reflejo de la sociedad y sus deseos, puede originar modas y creencias y ponerles fin, algunas veces por sí misma”, afirmando luego que “hoy las empresas comienzan a comprender que su activo más importante, en la feroz competencia del mercado global, es el cliente y la relación con él, razón por la cual, con el propósito de realizar mejor el marketing de relaciones, debe haber congruencia entre las palabras y las acciones”. Así mismo, recuerda que “en tiempos de crisis económicas una publicidad desorientadora y falsa invariablemente reaparecerá, quizá por la desesperación de los anunciantes”.
Para nadie es un secreto que la publicidad nos ha “tocado” a todos, en algún momento, y que ha influido, influye e influirá en las decisiones de los seres humanos, generando mejoramiento o detrimento del nivel de vida, según se use.

En varias ocasiones hemos propuesto la creación de un comité para preservar los valores sociales, éticos y morales de nuestra sociedad, con el fin de prevenir el uso de publicidad que atente contra los principios y los valores; desafortunadamente, hemos encontrado oídos sordos, y se ha dejado que la autorregulación sea la que impere.

Pero lo que se está apreciando en las campañas por la presidencia, especialmente, y lo que algunos dizque políticos, publicistas, medios, caricaturistas y responsables de las comunicaciones en el llamado marketing político están haciendo y/o dejando hacer, no se asemeja ni poquito a una campaña seria, responsable y estimuladora de acción, salvo unos que “Iván” y vienen que con su manera de trabajar las comunicaciones demuestran el efecto que la que se hace bien, genera…