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Analistas 07/08/2026

El retroceso del marketing político

Carlos Fernando Villa Gómez
Consultor de Mercadeo

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Terminó ayer el peor período presidencial de la historia del país, después de cuatro años de haber apreciado un retroceso fenomenal en el proceso de desarrollo que llevaba Colombia, que aunque con bastantes imperfecciones y buenos y malos actores desde la óptica del mercadeo, entre otras, no era ni parecido al desgobierno que tuvimos, y que esperamos haya sido una experiencia negativa, pero bien aprendida para no repetirse jamás.

En el desarrollo de las actividades de la logística mercadológica existen errores que pueden calificarse como ridiculeces, que ocurren cuando se cruza la línea, como se dice, entre la humanización y la pérdida de la dignidad, para destruir la credibilidad y, por consiguiente, la autoridad ante los diferentes estamentos de la sociedad. Además, en un mundo tan entregado a lo digital, quienes cometen ridiculeces mercadológicas políticas no solo se distraen, sino que se desesperan buscando viralidad (como le ocurrió al saliente inquilino de la Casa de Nariño), forjando situaciones absurdas para tratar de conectar, especialmente, con los más jóvenes. Como consecuencia, quien hace eso termina convertido en un meme rechazado por la mayoría de la sociedad (o el electorado).

En el mercadeo en general, y en el político como el que hemos vivido, se cae en esa ridiculez básicamente por cuatro razones: falta de autenticidad, obsesión algorítmica (priorización de métricas en las redes sociales sobre las propuestas), desconexión de la realidad y mal asesoramiento.

Como resultado o consecuencia se logra la pérdida de liderazgo, vergüenza, mercadeo de palabra negativo y aprovechamiento de la competencia, por dejar camino libre a acciones que lleven a intercambios de ofertas de valor real y apreciable.

En el campo del marketing político, en concreto, los discursos forzados y desconectados de la realidad, el uso de los medios de comunicación al alcance con palabras y frases repetidas y sin fundamentación seria, las acciones exageradas, las malas alianzas y las penosas (des)apariciones en público tienen como consecuencia la desconfianza, el cansancio de la gente y el rechazo y la burla constantes en todos los escenarios. Tal como se vivió durante los cuatro años que terminaron ayer.

Como varias veces ha reafirmado Philip Kotler, “la finalidad del marketing es mejorar la vida de las personas mediante la creación de valor, la satisfacción de necesidades y el impulso del bienestar”. Por ello, aplicado al mercadeo político, debe entenderse que se trata de un proceso ininterrumpido de búsqueda y entendimiento de los problemas de la sociedad (mercado) para ofrecer soluciones posibles y simples, y así lograr el bienestar común e impactar positivamente. Además, en el mundo actual, digital y con alta utilización de la inteligencia artificial y demás herramientas tecnológicas al alcance, debe lograrse que su uso sea adecuado para vivir experiencias positivas, entendiendo que son una ayuda y no un reemplazo del ser humano, y que no están por encima de las personas.

Las actividades mercadológicas, y las humanas en general, siempre tienen y tendrán detractores, pero la esperanza es que no se opongan a todo sin razones, sino que, dentro de un ambiente de respeto mutuo, expongan argumentos que puedan ser válidos para poder lograr lo que siempre ha sido la finalidad del marketing: mejorar la vida de todos.

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