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Analistas 03/02/2021

¿Usted trabaja en lo que le gusta?

Desde que nací, mi madre me tenía seleccionadas dos profesiones: cura o médico. Hoy no soy ni lo uno ni lo otro, y menos mal, porque de haber sido sacerdote me hubiera enamorado de varias monjas y como cirujano me hubiera desmayado infinidad de veces. Como hijos, muchas veces cargamos con el peso de tener que cumplirles sus sueños a nuestros padres, y lo peor, es que muchos hicieron caso, y hoy, algunos sienten el peso de la frustración en su vida profesional.

Crecimos con la supuesta orientación de nuestros progenitores para desempeñarnos en el campo laboral y así fue para una gran mayoría de nosotros, pero cosas se han visto. Ahí está el caso del caleño Carlos Enrique el Mono Sánchez, quien al contarle a su padre que iba a ser lo que amaba, “humorista”, le respondió que sería un payaso y que en qué andén lo iba a hacer. Resulta que este valorado cuenta chistes ha estado en andenes, pero en los más altos de los escenarios, como en el Festival de Viña del Mar, en Chile, donde ganó la Gaviota de Oro en 2017.

Otro elemento más que sirve de ilustración está contenido en uno de los vallenatos del recordado Diomedes Díaz, Mi muchacho, que dice “… que si te inspira ser zapatero, solo quiero que seas el mejor”. La letra de esta composición nos muestra que debemos apoyar a nuestros hijos en sus pasiones sin importar el porqué y el para qué, porque solo cuando trabajamos con amor nuestra mente se abre a las nuevas oportunidades y la persistencia nunca escasea. Porque cuando hay gusto y cariño por lo que uno hace, el trabajo es una diversión en lugar de convertirse en una penosa obligación.

Un factor más a tener en cuenta es el relacionado con la formación educativa. Una gran parte del sistema enaltece y elogia los altos resultados académicos y discrimina a los “malos” estudiantes, sin pensar que detrás de unas bajas calificaciones podría haber una bella voz, genialidades pegadas a un balón, pinceladas de un potencial artístico y pedalazos maravillosos entre muchas características que harían la diferencia entre el éxito rotundo y los estándares de la población. Los mejores estudiantes no terminan siendo, necesariamente, los más exitosos porque las notas de la vida profesional son diferentes a las del colegio.

Conozco a muchas personas que triunfan sin haber sido los más brillantes en su desempeño académico en tanto que otros hicieron solo lo básico. Adultos llenos de prosperidad, y que hablan de sus trabajos como si se tratara de una historia fantástica, heroica y una conquista repleta de pasión. Seres que superaron los obstáculos de la vida porque viven su disfrute, más que sentir el peso de la labor diaria.

No existen las malas profesiones; cualquier actividad practicada con amor y persistencia genera frutos, en la que otros solo ven sequía. Por esto, si a su hijo le da por devorar kilómetros en bicicleta, entréguele todo su apoyo, porque usted podrá ser su mejor coequipero. Si le atrae la religión, pues ore junto a él, porque quién quita que llegue a ser el segundo Papa de origen latinoamericano. Si su pasión son las carreras de autos, asegúrese de estar en los pits para cuando necesite un recambio de energías. Se trabaja así, con mentalidad y actitud ganadora, porque es nuestra pasión y la única forma de poder persistir frente a la adversidad, ya que amamos lo que hacemos.

Hay algo más que debemos analizar y es ver cómo los padres tenemos el poder hasta de señalar al “bobito” y al más avispado de la casa; el sumiso vs. el conflictivo; el organizado vs. el que deja todo tirado. Nada de lo anterior funciona, porque de los supuestamente calificados como “bobos” suelen surgir los más exitosos en un buen número de ocasiones. Lo antes expuesto nos lleva a pensar que la selección de la actividad futura de los hijos no puede seguir heredándose por linaje o por tradición, hasta en la transmisión de mando del abuelo, luego al padre y sucesivamente a sus nietos. Este don no se transfiere con una firma, se hace con el sudor de nuestras acciones encaminadas a ser felices, porque el poder solo deja dinero y por esto existen ricos muy pobres y pobres muy ricos. Por esto hay quienes tienen todo pero les falta mucho. ¡Vaya paradoja!

El secreto es que como padres de familia nada detenga nuestro apoyo a los hijos, que en nombre del amor que les tenemos, acompañemos sus sueños y no los nuestros. Cuando la mente se ocupa en lo que nos gusta, los lógicos obstáculos del camino se superan con mayor facilidad.

Los hijos no tendrán éxito por lo que les dejamos como herencia sino por lo que les enseñamos a hacer desde su ser y no desde el nuestro. Ellos van a estudiar o practicar sin cansancio lo que les interese y su éxito será mayor en cuanto más originales y diferentes hagan su trabajo futuro.

Se trata de disfrutar la vida a plenitud, de estar despiertos haciendo lo que nos gusta mientras otros duermen y de no sentir el paso de las horas mientras otros viven pendientes del reloj a ver cuándo terminará la jornada.

No hay momento ni fecha para comenzar a laborar en lo que más nos apasiona. No hay un límite determinado de edad para cambiar el rumbo. Si la respuesta es que no gozas con lo que haces y tienes claro donde está tu alma, pues adelante, conecta el cuerpo, la mente y el espíritu con tu pasión, porque nunca será tarde para hacer lo que amamos.

Seguramente que en el desempeño de estas tareas habrá muchos días crueles, injustos y estresantes, pero vivir es de valientes. Trabajar en nuestra pasión es un regalo que nos da la vida porque no todos tenemos la fortuna de levantarnos cada día a disfrutar con lo que hacemos, así yo no haya sido un cura o un médico como lo deseaba mi mamá, pero ese no era mi sueño.