Analistas 10/06/2020

¡No más robo de bicis!

El robo de bicicletas crece por encima de cualquier actividad ilegal en Colombia, con cifras sorprendentes, siendo la ciudad de Bogotá la que ocupa el deshonroso primer puesto.

Resulta inconcebible que en la capital de la República se roben nueve veces más bicis que en Santiago de Chile, ocho más que en Lima, seis más que en Sao Paulo y cinco veces más que en Ciudad de México.

Si el negocio del futuro es la bicicleta, a este le surgió una competencia informal e ilegal: la reventa de este artículo robado. La berraquera y la tristeza que le genera su hurto a cualquiera persona, solo porque unos individuos se enorgullecen de comprar máquinas baratas, es totalmente comprensible.

Hace pocos años me robaron dos bicicletas. Para no quedarme únicamente con el dolor de la pérdida, las busqué y las encontré en una prendería situada cerca de mi vivienda. Allí, el administrador me dijo que las había comprado legalmente y que tenía la factura original, lo que lógicamente era falso.

Este suceso me sirvió para comprobar, de primera mano, que hay un comercio ilegal de bicicletas robadas que está siendo apoyado por algunos mal llamados ciclistas. Un ladrón no se robaría una bicicleta si no tuviera quién se la comprara.

El fenómeno de los robos de bicicletas en Colombia tiene los 15 siguientes factores de alta incidencia:

1. El primer elemento de éxito para estas bandas es que, aunque el gobierno se preocupa por manejar buenos controles en cuanto al registro de cada importación y los números de serie de cada bici, infortunadamente, no lo hace para la venta. Esto facilita el delito y el tráfico ilegal que también se expande a los países vecinos.

2. Las empresas comercializadoras de “ciclas” deberían de tener la obligación de reportarlas a las autoridades de tránsito y policía, con referencia, seriales y nombre del comprador, para que ellos puedan contar con una plataforma en la que se verifique si la persona que la conduce es el propietario real y si el producto fue importado legalmente.

3. Se hace urgente expedir una tarjeta de propiedad única, sin costo para el cliente y que sea controlada por el gobierno, con base en el número de máquinas importadas por cada empresa. Esta debe ser entregada obligatoriamente a su propietario, junto con el manifiesto de importación y una factura comercial que cumpla con todos los requerimientos legales.

4. La falta de mayor vigilancia en las ciclovías y lugares transitados por los ciclistas es evidente y difícil, ya que el robo de este vehículo es mutante, porque los ladrones cambian su ubicación.

5. El robo de bicicletas, en Colombia, es excarcelable, a no ser de que se involucren lesiones personales o la muerte. Los ladrones y las bandas que operan el negocio, desde el hurto hasta la venta, son libres para rodar en estas máquinas.

6. La acción de la policía debe fortalecerse con operativos en los sectores en los que se sospecha la comercialización de las máquinas robadas.

7. La venta de bicicletas de segunda en distintos sitios sin poder constatar la legitimidad de su propiedad y procedencia, son otros factores que abonan el terreno del delito. Se hace urgente la penalización de transacciones fraudulentas de compra y venta.

8. El delito es rentable porque los pillos conocen las marcas de mayor reputación y con una sola bici robada al día, generan altos ingresos.

9. Muchas veces, los seriales son borrados y la pintura es cambiada, porque como dice El Chapulín Colorado: “no contaban con mi astucia”.

10. En otras oportunidades, los maleantes venden las bicicletas por partes, y ahí sí que resultan más clientes para los amigos de lo ajeno, porque la cultura de que el vivo vive del bobo, también se aplica al ciclismo.

11. Como no hay forma de acceder a los datos de los propietarios de las bicicletas robadas, muchas de las que son encontradas, terminan huérfanas, porque su dueño nunca aparece. Además, buena parte de los robos no son denunciados.

12. La venta de bicicletas robadas no tiene ningún control. Estas son ofrecidas por las redes sociales, por lo que un buen número de personas aprovecha las falsas ofertas.

13. Ante la falta de elementos para conocer el paradero de las bicis robadas, valdría la pena implementar un sistema GPS con un geolocalizador, así como lo hacen con las patinetas públicas.

14. Con parte del 15% de arancel que cobra el gobierno, se podría tener un seguro de invalidez y muerte para cada ciclista, por cuanto son muchas las personas que han sido víctimas de los atracadores.

15. Los empresarios del sector debemos actuar de manera organizada y solidaria, formalizando el gremio del ciclismo, para así velar por los intereses de los clientes y colaborar en la lucha contra el negocio de las bicicletas robadas, impidiendo la venta de productos de dudosa procedencia en los establecimientos.

La bicicleta es una solución a la movilidad. Con su empleo se combate la contaminación, se mejora la salud y se crea bienestar. Pero todo esto de nada servirá si los empresarios del ramo, el Estado, los usuarios y la sociedad en su conjunto no combatimos con firmeza el flagelo del robo.