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Agro: La política debe ser de Estado

La gestión de la presidencia 2014-2018 tendrá un crucial e ineludible reto: establecer de una vez por todas una política agropecuaria de Estado y no simplemente de Gobierno, que además sea coherente con las necesidades y las oportunidades del país con respecto a la producción de alimentos y el desarrollo rural. Solo de esta manera se podrá garantizar continuidad a programas y desarrollos orientados para poner al día al país en las condiciones necesarias para salir adelante. La tarea de entregar propuestas para cortar la brecha entre el campo y la ciudad que actualmente realiza Misión Rural deberá estar muy alineada con esta condición.

Las proyecciones de la FAO indican que el mundo requerirá incrementar en más de 70% la producción de alimentos en los próximos 30 años para poder suplir la población mundial. Solo algunos países, entre los cuales está Colombia, tienen realmente capacidad y potencial de incremento.

Otros países de la región han logrado encontrar en el agro un bastión del desarrollo rural y del crecimiento de su economía. Dos ejemplos útiles son Chile y Perú. El primero, con un enfoque muy serio en materia sanitaria y fitosanitaria con responsabilidad público privada logró abrir las puertas de los países que ofrecen mayor agregación de valor, y el segundo se dedicó a invertir en la infraestructura necesaria para mejorar su competitividad exportadora y explorar las posibilidades en el mercado mundial para productos no tradicionales.

Nuestro país puede aprovechar las oportunidades, pero el sector agropecuario requiere inmediatamente un ambiente político adecuado. En el futuro las afiliaciones políticas no pueden ser un lastre al desarrollo del campo. Además, el sector requiere un Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural con mayor empoderamiento en las más altas decisiones de Gobierno. Asimismo, la interacción con los demás ministerios debe ser tal que todo el Gobierno se haga partícipe de dicha política agropecuaria. Todos los ministerios deben estar completamente comprometidos con responsabilidades claras dentro de esa gran política de Estado que busque favorecer las condiciones para el sector agropecuario.

Con una política base adecuada, el Gobierno debe hacerse partícipe de la estrategia de cada subsector. En el agro cada producto tiene particularidades, requisitos y posibilidades diferentes que deberían siempre estar enmarcados en una visión de futuro y no simplemente en el inmediatismo reaccionario. Por ejemplo, en materia de recursos, se requiere un acceso a crédito favorable y expedito que responda a las necesidades estratégicas subsectoriales. Además, es fundamental tener claridad en las reglas de juego en materia de tierras, y un control definitivo al contrabando.

Si Colombia pretende que el sector agropecuario se fortalezca y aporte al crecimiento de la economía es indispensable pensar en la expansión de nuestros mercados. El incremento del consumo interno es un camino, pero este no es ilimitado. Rápidamente el Gobierno deberá enlazar relaciones comerciales efectivas con otros países, especialmente con los asiáticos. Países como China, Corea del Sur, y Japón son importadores netos de productos agropecuarios y proyectan una necesidad mayor en el mediano y largo plazo. Sin embargo, requieren una oferta permanente de producto y un alto estatus sanitario. Por esta razón, el fortalecimiento de la autoridad sanitaria en el control y erradicación de enfermedades así como en las funciones de inspección, vigilancia y control es totalmente imperativo.  

Dentro del sector agropecuario, el subsector porcícola merece una atención especial: es uno de los de mayor crecimiento en los últimos años, gracias a un mejoramiento de la productividad y a la expansión del mercado interno. Este subsector se proyecta favorablemente dado el potencial del mercado nacional y el presente y futuro del mercado asiático. Sin embargo, para seguir creciendo como fuente de empleo y desarrollo necesitamos que el Gobierno se haga partícipe de manera definitiva de nuestra estrategia de expansión sostenible. Con el crédito necesario, fortalecimiento institucional, control al contrabando, reglas de juego claras, y acceso real a mercados de mayor valor, muy probablemente contaremos una grata historia la próxima década.