Analistas 22/10/2020

El fin justifica a los medios

El odio que genera el presidente Trump ha dejado un gran perdedor en toda esta contienda electoral: la libertad de prensa. Medios históricos como el New York Times, CNN y Associated Press -por mencionar algunos- pasaron de ser medios de comunicación objetivos e independientes, a convertirse en activistas del movimiento que busca evitar la reelección de Trump. Los mismos periodistas que llevan años criticando a Fox News y Breitbart por su agenda partidista, hoy en día han sucumbido a las mismas tácticas de los llamados ‘fake news’, como si el fin justificara ‘a los medios’. Como dijo Nietzsche, “quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo.”

En este mismo activismo mediático han caído periodistas de la talla del legendario Bob Woodward, conocido por destapar el escándalo del ‘Watergate’. En su afán de destruir a Trump, conoció desde febrero que el presidente minimizaba la gravedad del covid y en vez de advertir a la opinión pública de manera oportuna para salvar vidas, prefirió guardarse el secreto para su libro bomba, en antesala de las elecciones presidenciales - y vender muchas copias.

El NYT, -una de las casas editoriales más influyentes del planeta- prefirió guardarse la historia de los impuestos de Trump para dar su ‘sorpresa de octubre’, convirtiéndolo en una chiva noticiosa. El New York Post ha empleado la misma estrategia publicando los correos del hijo de Biden y el presunto tráfico de influencias con su padre, el vicepresidente y hoy candidato, a favor de empresas ucranianas y chinas. Independiente de si la información en uno u otro caso es verdad o no, lo peligroso de estas tácticas de ‘sicariato moral’ es que no solo afectan la credibilidad de la información, sino atentan contra la libertad de prensa.

Pero lo más preocupante es lo que esta ocurriendo con Facebook y Twitter, que en la elección pasada fueron acusadas de ayudar a Cambridge Analytica de tildar la balanza en favor de Trump. Hoy intervienen de manera unilateral censurando la nota del NY Post sobre Biden, aduciendo no poder corroborar el origen de la información. Curiosa autocensura que nunca han ejercido frente a información producto de jaqueo y filtraciones como las de Edward Snowden, ‘Wikileaks’, ‘Panamá Papers’ o los impuestos de Trump, entre muchas otras.

Y mientras los defensores de la primera enmienda se quedan callados pues la conducta beneficia su causa, los ciudadanos estamos a merced de la anarquía y monopolio de las redes sociales y sus multibillonarios dueños. La gente ya no sabe qué noticias consumir o en quién o qué creer. Los algoritmos tecnológicos -de manera subliminal- nos están obligando a consumir más de lo mismo, ahondando las diferencias, polarizando las posiciones, y evitando que la opinión pública y el electorado se pueda formar una opinión justa y balanceada.

Al final la pregunta que nos debemos hacer es, si los medios están actuando con responsabilidad social, objetividad, independencia, y presentando información veraz y oportuna, o contribuyendo a la polarización. Por el bien de todos, esperemos que después de este frenesí recuperen la sensatez, de lo contrario quedaremos en manos del monopolio de las plataformas tecnológicas y los autoproclamados ‘dueños de la moral’.