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Concierto para escribir

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Andrés Otero Leongómez Consultor en Investigaciones e Inteligencia Corporativa

‘Concierto para escribir’, es una especie de conspiración entre algunos periodistas, líderes de opinión y activistas sociales, con el propósito de defender una causa y seguir aunando en la división del país. Hago referencia a la tipología penal que se utilizó para desmantelar el fenómeno de la parapolítica. Y aunque en el caso de los periodistas no tiene una connotación criminal, sus efectos pueden ser igual de devastadores.

Este cartel de periodistas activistas o “red independiente” -como prefieren llamarse- se obsesiona con un personaje o tema de interés y lo agarran a mansalva en los principales medios y redes sociales, hasta acabarlo, sin presentar el otro lado.

Algunos de sus conquistas más connotadas incluyen: deslegitimar el triunfo del ‘NO’ en el plebiscito de 2016, la suspensión de la aspersión aérea sobre cultivos ilícitos, la creación del Frankestein de la JEP, frenar la extradición de Santrich a Estados Unidos y lograr la de Arias al país; y recientemente, su apoyo a las marchas y ‘cacerolazos’, y buscar acabar con el Esmad. Su máximo anhelo es lograr meter preso al expresidente Uribe y retirarlo forzosamente de la política.

Son papistas de doble rasero.
Si la Corte chuza a un expresidente, es legal porque prima la verdad; si la Fiscalía lo hace bajo motivación judicial sobre alguien afín a sus intereses es interceptación ilegal. Si un testigo defiende su posición es un valiente; si ese mismo testigo cambia su relato es porque ha sido amenazado o manipulado. Si Cepeda o ‘Teodora’ visitan a un preso en una cárcel, es por razones humanitarias; si la contraparte lo hace es para amenazarlo o sobornarlo. Si a ellos los critican o los demandan, es una violación a la libertad de prensa. Si ellos demandan, es porque sus vidas corren peligro o los están amenazando.

Hice mi tesis de grado sobre el derecho a la información. Soy consciente de lo importante que es para la democracia tener una prensa libre, sin presiones, censuras o amenazas. Es necesario que los periodistas puedan investigar y destapar ollas podridas en todos los rincones del país, sin que sus vidas corran peligro. Sería ideal que no dependieran de grupos económicos o de mermelada para que pudieran escribir libremente de cualquier tema, sin importar partido político, raza, religión, ideología, región, género o preferencia sexual.

Pero el derecho a informar y ser informado no solo requiere de total independencia, libertad y objetividad. Conlleva un alto grado de responsabilidad. La prensa no puede dejar de ser un servicio público y un derecho de todos los colombianos, para convertirse en una especie de sicariato moral o mecanismo de presión al servicio de causas ideológicas o venganzas personales. A otro Maduro con ese hueso.

La labor del periodista es exponer y presentar la información de manera veraz y oportuna, sin editoriales, agendas personales u opiniones subjetivas. O por lo menos demostrar suficiente talento como para que no se note.

No hay nada malo en defender una causa política o ideología, movilizar a la gente, salir a marchar de cacerolazo en cacerolazo, o tener una columna de opinión donde se hable desde el corazón, pero no se puede pretender ser las dos cosas. Si tanta es la obsesión, sugiero cambien de profesión.

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