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Analistas 06/04/2026

Cuando la realidad no existe

Andrés Guillén G.
Socio director Guillen & Guillen Abogados

La afirmación del título de esta columna parece propia de la ciencia ficción, pero para el gobierno actual constituye un axioma.

Veamos. En materia de orden público no solo se ha presentado el debilitamiento de las Fuerzas Armadas -al punto de que se le puede atribuir, con un grado significativo de responsabilidad, el reciente accidente de un avión y los constantes ataques a nuestros héroes militares-; también hay debilitamiento e infiltraciones en la inteligencia, aumento sin precedentes de las hectáreas cultivadas con coca, entre otros factores. Con la famosa “paz total” se llega fácilmente a la conclusión de que delinquir sí paga. Cómo olvidar la propuesta soterrada y aterradora de Petro de quitarle la connotación de delito a algunas conductas para reducir los índices de criminalidad.

En materia de salud, la decisión terca, testaruda e ilegal de adelantar por decreto una reforma negada por el Congreso desconoce olímpicamente la normatividad y la separación de poderes, pilar básico de la democracia. Pero eso no es todo: lo más grave es el ataque sistemático al sistema de salud. A pesar de existir recursos, no se les paga a las entidades prestadoras; hay desabastecimiento de medicamentos, inseguridad jurídica y, literalmente, se está jugando con la salud de los colombianos.

En el manejo de los recursos, que son de todos nosotros, pareciera que juegan al monopolio sin siquiera haber leído las instrucciones: contratos a dedo, emisión de títulos que endeudan las finanzas públicas de manera antitécnica, antiética y, en el fondo, ilegal. Se castiga la inversión con impuestos confiscatorios, desproporcionados y exagerados, además de ilegales. Se pretende desconocer, una vez más, la Constitución atacando al Banco de la República; la corrupción, en todas sus formas, parece ser parte de una agenda orientada a malversar recursos con fines electorales, y la lista podría ser interminable.

En materia de competencias e idoneidad de quienes conforman el Ejecutivo, esto parece un espectáculo cantinflesco: falsificación de títulos, puertas giratorias, exministros presos y otros investigados que amenazan con revelar lo que saben, y miembros del círculo cercano de Petro prófugos de la justicia.

En materia de empleo, si bien se han mantenido los niveles de desempleo, no hay que ser un gurú para advertir que el Estado gasta a manos llenas en un festival de compra de conciencias, reduciendo ficticiamente la tasa de desempleo mientras el aparato productivo es castigado y el mal llamado empleo informal sigue creciendo.

En materia política, el Ejecutivo -con su líder mesiánico a la cabeza- compra votos en el Congreso, participa abierta y descaradamente en política y pontifica sobre lo divino (opinando, entre otros temas, sobre la actividad sexual de Cristo, el bueno, no el malo) y lo humano de manera delirante. Protesta por lo que sucede en Gaza o Irán y olvida lo que ocurre en su propia casa.

A pesar de todo, resulta aterrador ver cómo hay personas que apoyan a Petro y a su candidato. Políticos como Cristo, y otros tantos que no merecen siquiera ser nombrados, miran olímpicamente para otro lado, se venden y pretenden que sigamos igual.

Es tal el grado de distorsión, de enajenación y de alteración del orden en todos los ámbitos, que uno inevitablemente se pregunta si algunos estamos viviendo en una dimensión desconocida, si imaginamos esta realidad, o si, simplemente, para Petro y su jauría de acompañantes la realidad no existe.

Los invito a revisar, desprevenidamente, los titulares de la prensa diaria: definitivamente hay muchas cosas que no están funcionando ni van en el rumbo correcto. Por último, me pregunto: ¿las situaciones que menciono aquí son opiniones o realidad?

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