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Analistas 09/04/2024

Oppositio popularis: dictatorem habemus

El título de esta columna resulta de usar Google Translator en la versión español-latín al introducir esta expresión: Oposición Democrática: Tenemos Dictador.

Gustavo Petro añora antigua Constitución de 1886 para “gobernar” el país a punta de decretos-ley expedidos con facultades extraordinarias de estado de sitio y emergencia económica, invocando los tristemente célebres artículos 121 y 122, respectivamente, de la que fuera la carta de Nuñez y Caro.

La hibris presidencial lanza a diario bofetadas a la institucionalidad social y republicana del país: insulta a las Ffaa, promueve gremios paralelos, acusa de ladrones a directivas de EPS privadas para justificar intervenciones revanchistas, cuestiona autonomía universitaria, descalifica al Congreso, crea líos diplomáticos, veta regiones, intenta tapar corrupción que involucra a personas de sus círculos familiares y políticos, habla de inviables asambleas constituyentes.

Petro parece un púber con sobredosis de líbido dictadorial y con un ataque severo de acné totalitario que le brota en el rostro. Ante el “dictatorem habemus” ¿qué debe hacer la oposición democrática del país?

En Colombia hay valientes y brillantes voces de oposición democrática que merecen todo el apoyo y solidaridad.

Unas voces se hacen oír desde el Congreso de la República y diversos partidos políticos, otras desde los medios de comunicación y columnistas, también las hay en la academia, en los gremios y en los sindicatos.

Creciente es el número de voces de oposición democrática en redes sociales, otras corean en los estadios y otras animan contundentes movilizaciones a lo largo del país.

De la mayor relevancia, la legítima e institucional iniciativa ciudadana que promueve el juicio político.

Lo que por ahora no se evidencia entre los sectores de oposición democrática, la “oppositio popularis”, es una ruta estratégica de acción, una plataforma comunicacional de encuentro, una narrativa y simbólica capaz de cohesionarla, inspirarla y actualizar sus potenciales talentos, valores y virtudes.

Falta una visión consistente que garantice en el corto plazo (2024-2025) y en el mediano plazo (2026), la rectificación democrática, dentro de referentes éticos y estéticos que eviten caer en cascaritas que tira el gobierno, día tras día, para imponer su agenda.

El activismo de la oposición hay que transmutarlo en un plan acción plural e incluyente, sin mesianismos ni caudillismos.

Las ideas de la oposición deben tener buen cuidado de no caer en el fácil expediente de las ideologías, terreno que disfrutan Petro y los suyos.

La ideología de izquierda cada vez más siniestra que encarna Petro, no se derrota con ideologías de derechas cada vez menos diestras y cada vez más quietistas.

Sin dejar de hacer denuncias necesarias, es tiempo de pasar a los anuncios que alienten espíritu emprendedor, laborioso y democrático de la gran mayoría de honestos y pacíficos colombianos.

Ojalá la movilización convocada para el 21 de abril sea abrebocas de un gran paro nacional que refrende, ante el mundo, que Colombia no le camina a dictaduras ni autoritarismos.

Más y mejor democracia siempre, nunca menos, es lo que merece Colombia.

Democratia magis et melius semper, numquam minus.

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