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Como todo lo del presidente Donald Trump, una parte importante del planeta -incluidos sus opositores en el Partido Demócrata- salió a criticar su decisión de autorizar un ataque preventivo sobre Irán y asesinar al líder supremo Ali Jamenei. Lo acusan de estar iniciando la Tercera Guerra Mundial. Lo que muchos de sus opositores se rehúsan a aceptar es que él no es un guerrerista -como lo quieren vender-. El impacto de la gestión de Trump muy seguramente redefinirá el contexto geopolítico global, obligando al mundo a replantear las instituciones multilaterales y los tratados internacionales que han regido la diplomacia desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Lo irónico es que fueron las “políticas de paz” de sus opositores durante la última década las que terminaron fomentando la expansión del terrorismo internacional y el crimen organizado. El acuerdo nuclear de 2015 -Jcpoa-, en vez de desarmar a Irán, le dio gasolina para acelerar su programa de enriquecimiento de uranio y le permitió contar con recursos para financiar grupos terroristas en todo el Oriente Medio. En América Latina, decretaron el fracaso de la guerra contra las drogas y abogaron por la legalización, aumentando el microtráfico y generando un vacío de poder que los narcos bien supieron aprovechar. Los pacifistas de todas las vertientes no han podido entender que entre más concesiones se les den a narcos, guerrillas, terroristas, dictadores, grupos fundamentalistas y demás estructuras criminales, más violencia generan. El apaciguamiento siempre es interpretado como debilidad. Trump aplica una lógica y una doctrina diferentes en materia de política internacional. “La paz a través de la fuerza” busca que los regímenes criminales alrededor del mundo entren en cintura por las buenas o por las malas. Ya vimos cómo terminaron Maduro o el Mencho por creer que podían seguir “mamando gallo”. Más que cambios de régimen o invasiones militares, Trump ejecuta operaciones quirúrgicas que alteran el orden mundial.
El turno esta semana fue para el régimen iraní, que creyó que podía asesinar cerca de 40.000 personas durante las protestas de hace un par de semanas, señalar que tenían uranio enriquecido a 60% con capacidad para fabricar 11 bombas atómicas e imponer condiciones al negociador estadounidense Steve Witkoff -y que Trump se iba a quedar cruzado de brazos-. Y aunque la República Islámica, en una demostración de fuerza, ha tratado de responder con ataques indiscriminados a la infraestructura petrolera y a bases estadounidenses en varios países de la región, el efecto ha sido contrario. Hoy el mundo árabe -y algunos países europeos- respaldan la política de Trump en el Medio Oriente.
Los que no han captado que con Trump el precio es a otro nivel no entienden lo que está pasando. En un par de años nadie se va a acordar de si Trump era un patán; si ganó o perdió las elecciones de medio término; si la economía prosperó o la inflación bajó; o si su nombre apareció miles de veces en los archivos de Epstein. Así como Reagan es reconocido por la caída del Muro de Berlín, el legado de Trump se enmarcará por la captura de Maduro, la caída del régimen islamista extremo de los ayatolás en Irán y el fin de la revolución cubana a través de la “toma amigable” de la isla. Al paso que vamos, Trump será reconocido como uno de los mejores presidentes en la historia reciente de los Estados Unidos -gústele a quien le guste.
Propongo contratación por horas con protección social proporcional: trabajar 10, 20 o 30 horas y cotizar de forma proporcional, con registro y trazabilidad para evitar abusos. Formalidad con flexibilidad y derechos
Claramente, al Gobierno no le bastan las facultades ordinarias, sino que desea mayor libertad para irrigar recursos a dedo en período electoral, soslayando las garantías legales y constitucionales y buscando aplausos populistas
Todo esto coincide con la elección de jefes de Estado de derecha en la región, como han sido los casos de Chile, Ecuador, Costa Rica y Honduras. Vienen elecciones presidenciales en Brasil y en Colombia, que tienen regímenes de izquierda con alta popularidad, pero aún es temprano para saber qué acontece