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En el atletismo existe una carrera que no la gana necesariamente el más rápido, sino el equipo que mejor pasa el testigo o la posta. En el deporte de alto rendimiento, son años de entrenamiento coordinado para una breve aparición de menos de un minuto; la entrega de la posta es un instante fugaz, preciso e irreversible. En los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, el equipo de relevos de Estados Unidos llegó a la final como favorito absoluto. Habían entrenado cuatro años y cada corredor era, individualmente, uno de los mejores del mundo, pero perdieron. No fue por falta de velocidad, sino porque en la zona de cambio el segundo corredor soltó el testigo antes de que el tercero lo sostuviera con firmeza. Un segundo de desconexión bastó para que cuatro años de trabajo se echaran a perder.
Esta historia me persigue cuando pienso en los procesos de transición que enfrentan las familias empresarias, donde ocurre exactamente lo mismo: no fracasamos por falta de talento en quien llega ni por falta de mérito en quien se va; fracasamos en la zona de cambio. Fracasamos, precisamente, en ese espacio de tiempo donde dos generaciones deben correr juntas, a la misma velocidad, sin que ninguna suelte el mando antes de tiempo. Las familias empresarias que perduran no son las que tienen los mejores individuos, sino las que han aprendido a pasar la posta sin romper el ritmo. Son aquellas que entienden que la grandeza no está en correr rápido, sino en asegurarse de que, cuando alguien termina su vuelta, otro podrá continuar generando continuidad.
Profundicemos sobre la zona de cambio. Se han visto casos en los que la generación a cargo -lo que hoy se conoce como Now Gen- desconoce realidades elementales. Una de ellas es la ocurrencia de un evento inevitable como la muerte y otra, la conveniencia de un retiro anticipado y concertado. Ante estas dos situaciones, la planeación y estructuración de un plan de continuidad pueden ser determinantes para trascender. A menudo, lo urgente desplaza lo importante: la familia está muy ocupada gerenciando el negocio y administrando la riqueza, por lo que el proceso suele postergarse. Sin embargo, el evento ocurre; la muerte no avisa.
A veces, el patriarca se perpetúa en el poder y no suelta la posta. Incluso estando más allá de una edad normal de retiro y con capacidades cognitivas evidentemente limitadas, nadie dice ni hace nada porque no hay reglas claras y hablar del tema se percibe como una ofensa. Lo que se pierde en ese momento de cambio es muchísimo. Surge entonces la pregunta: ¿por qué no preparar las conversaciones difíciles, planear sobre escenarios probables y anticiparnos a los eventos que podrían hacernos perder tiempo, dinero y, sobre todo, la cohesión y fortaleza del tejido familiar? Seamos generosos; aprendamos a pasar y a recibir la posta.
En los años recientes, Prodeco fue la empresa minera que sufrió los impactos de las comunidades indígenas cerca del área de influencia de su proyecto en el departamento del Cesar, en los municipios de La Jagua de Ibirico, Becerril, El Paso y Valledupar
Lo paradójico es que muchos cafeteros nacieron dentro de ese sistema y lo ven como parte natural de su vida: el precio publicado todos los días, la posibilidad de siempre vender su café, la asistencia técnica, la investigación científica, las cooperativas, la presencia regional y la defensa del origen