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El futuro de EPM: el negocio de energía

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La coyuntura de EPM solo permite que seamos solidarios con las dificultades que atraviesa el proyecto hidroeléctrico más importante de Colombia y que esperemos las investigaciones independientes para definir reales responsabilidades.

El propósito fundamental es presentar una visión personal de lo que debería ser el futuro de la empresa más querida por los ciudadanos de Medellín. Lo haré en varios capítulos, comenzando por el negocio energético, que genera los mayores ingresos y utilidades.

El primer punto clave para EPM es el de reorientar el negocio de generación de energía: la tecnología de energías alternativas (especialmente solar y eólica) avanza a velocidades insospechadas y seguirá incrementando.

Históricamente, EPM se especializó en proyectos hidroeléctricos eficientemente, pero los retos económicos y sociales de nuevos proyectos serán cada vez más complejos.

La posibilidad de que, a través de fuentes alternativas, amplios sectores industriales y consumidores de estratos altos empiecen a ser independientes en generación de energía se acerca más.

Si se suma a la posibilidad de que estos autogeneradores puedan vender a la red interconectada, habrá un cambio en las reglas que modificará profundamente el negocio de energía.

Dicha independencia será parcial por un buen tiempo mientras se perfeccionan algunos avances tecnológicos, que llegarán. EPM tiene el reto de ponerse al día sobre estas tecnologías, un asunto que no ha sido de su principal resorte.

La competitividad de EPM debe darse por su eficiencia, no por regulaciones insostenibles que compensan tarifas. Adicionalmente, estudios estiman que el costo de energía globalmente continuará abaratándose, llegando eventualmente a ser cero en un futuro, si se piensa en avances científicos como los que ofrece la energía de fusión.

Este reto aún mayor hace necesario encontrar fuentes energéticas con mayor rentabilidad, cuyas inversiones sean recuperables en menor tiempo y con un menor costo de montaje.

Una fuente adicional de ingresos energéticos sería la de vehículos eléctricos, una tecnología que tomará mínimo una década en consolidar volúmenes importantes de consumo debido a sus altos precios.

Esto, sin contar con la posibilidad de que lleguen a existir prontamente fuentes energéticas vehiculares que no generen contaminación sin cambiar de motor, en una competencia de tecnologías que podría retrasar aún más, si no detener completamente, la masificación de vehículos eléctricos.

De otro lado, debe aprovecharse la propiedad de EPM sobre empresas varias para acelerar la producción de energía a través de residuos orgánicos, una gran posibilidad de vieja data que acabaría con la opción obsoleta de tener rellenos sanitarios, una tecnología sobre la que existen algunas restricciones técnicas, pero que con estudios científicos debe priorizarse.

Respecto del negocio de gas: una menor rentabilidad y la poca capacidad de influir sobre la oferta del insumo hacen que no deba ser una prioridad en inversión para EPM.

Esta coyuntura que vive la empresa, en la que debemos mantener el espíritu de unidad para salir rápidamente de ella, requiere decisiones acertadas y genera una gran oportunidad para repensar su futuro. Y debe comenzar con el negocio de energía.

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