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En el ecosistema emprendedor de 2026, y no solo en Colombia, se encuentra una ley no escrita: si no es nativo de TikTok, no existe. La obsesión por la atención de la Generación Z ha pasado de ser una estrategia de marketing a convertirse en una miopía estructural. Mientras los fundadores de startups se desviven por algoritmos de atención efímera, ignoran el capital más robusto de la década: la Economía Plateada. En América Latina, este segmento supera los 166 millones de personas mayores de 50 años, representando un poder de compra que la “juventud digital” difícilmente alcanzará en el corto plazo.
El error del nuevo emprendedor es el “sesgo del espejo”. El fundador promedio desarrolla productos para resolver sus propios problemas, ignorando que, según datos de la Cepal y el BID, el consumo de la Generación Plateada impulsa sectores clave con un crecimiento proyectado de 13,6% para 2026. Diseñar solo para pares crea una zona de confort que denota falta de empatía, de entendimiento del mercado y, además, deja fuera a 25% de la población regional que hoy posee la mayor acumulación de activos y estabilidad financiera.
Para Joseph Coughlin, director del MIT AgeLab y autor de The Longevity Economy, “la vejez es una construcción social que asfixia el pensamiento empresarial”. Los emprendedores siguen viendo a los mayores de 50 como sujetos pasivos, cuando son consumidores sofisticados que demandan innovación en salud, finanzas y bienestar.
Estamos frente a la dualidad de la facilidad de la red frente a la solidez del bolsillo. La Generación Z es, sin duda, la más fácil de contactar: 40% afirma que compraría un producto tras verlo en redes. Sin embargo, hay una diferencia abismal entre el engagement y el flujo de caja. Mientras 55% de los jóvenes Z no cuenta con ahorros para cubrir tres meses de gastos, la población Silver controla la mayor parte de la riqueza neta global. Bradley Schurman, autor de The Super Age, advierte que ignorar este cambio demográfico es una receta para el estancamiento. El emprendedor moderno confunde la facilidad de acceso con la viabilidad del modelo, al elegir el camino de menor resistencia tecnológica, aunque el retorno de inversión sea volátil y el cliente, precario.
El éxito en 2026 no reside en elegir una generación, sino en triangular el valor. La Gen Z actúa hoy como el “caballo de Troya” tecnológico. Son los prescriptores que digitalizan a sus familias y, en muchas oportunidades, influyen en las compras de productos, así ellos no sean el usuario final. El modelo ganador es aquel que convierte al joven en el facilitador (usuario) de un servicio que resuelve un problema para el adulto (cliente). Si una propuesta genera valor para ambos -“confianza para el mayor y utilidad para el joven”-, habrá éxito. Es la simbiosis perfecta: la agilidad de la Generación Z al servicio de la solvencia de la Plateada.
El futuro económico no es ni joven ni viejo: es integrador. Aquellos que rompan el hechizo del narcisismo generacional y utilicen la influencia de la Generación Z como puente hacia las billeteras de la Economía Plateada dominarán el mercado. Es hora de dejar de diseñar para el espejo y empezar a diseñar para el balance general.
La intervención estatal, que en principio es permitida por la Constitución Política, solo puede realizarse si así lo autoriza expresamente la ley y, en todo caso, dicha intervención no puede asaltar la esencia de la libertad de empresa
En su libro Lidiar con tus viejos hace una catarsis de ese aprendizaje forzoso y necesario. De cómo sigue aprendiendo a despedirse de a poquito de sus padres aunque ellos no de él. Es su forma de revelar que al final cuidar es la única manera de honrar el pasado antes de que el olvido se lo trague todo