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Nunca es demasiado tarde

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Alfonso Aza Jácome Profesor de Inalde Business School

Durante mis años de universidad leí un grafiti en un edificio del campus que no pude olvidar: “si luchas puedes ganar, si no luchas ya has perdido”. Cuando tienes un sueño, algo que quieres alcanzar por encima de cualquier otra cosa y, a la vez, es arduo y complejo de conseguir, suelen cobrar fuerza en la imaginación las dificultades que van a surgir en el camino para alcanzar ese sueño.

Por lo general, no nos gusta enfrentarnos a los problemas y dificultades. Preferimos el éxito fácil porque ambicionamos tener las cosas rápido y a la mano. Es la cultura de la inmediatez, lo que ahora importa es disfrutar y cuanto antes. Por eso, es muy habitual conformarse con sueños pequeños… La mala noticia es que no hay atajos para llegar a los lugares que realmente merecen la pena.

Tal vez por eso, ninguna de las grandes personas que conozco tuvo pasados fáciles. Todos ellos tienen en común que trabajaron duro para conseguir lo que se propusieron. Porque el éxito no llega a quienes lo desean, sino a quienes trabajan para conseguirlo. Son aquellos que toman riesgos; fallan pero comienzan de nuevo. Porque el fracaso no es el antónimo del éxito: es parte esencial del camino hacia el éxito.

Recuerdo una persona que vino a una entrevista de trabajo. Sus notas en la universidad no eran buenas. Cuando le pregunté sobre eso, dijo que trabajaba por las mañanas en una tienda y los fines de semana en un lavadero de carros para pagar sus estudios y los de su hermana menor. No tuvo tiempo para sacar “cincos”. Esa explicación fue definitiva: el trabajo duro es algo que mueve montañas. Es la regla de oro para contratar bien: contrata por la actitud, y entrena para desarrollar la habilidad.

La última vez que supe de esa persona, tenía el cargo de jefe de zona en una importante empresa financiera. Así que, esfuérzate, porque es mejor estar cansado que estar decepcionado. Un sueño no es más que un deseo si no hay constancia, determinación y mucho, mucho esfuerzo para convertirlo en realidad.

A veces, el desaliento se presenta con vehemencia para descarrilarnos de ese sueño. En esos momentos no podemos olvidar, que muchos de los fracasos de la vida son de personas que se dieron por vencidos porque no se dieron cuenta de lo cerca que estaban de alcanzar el éxito. Los perdedores cuando fallan, abandonan. Los ganadores siguen fallando hasta que lo consiguen. Recuerda que tu momento llegará sin importar cuantas veces hayas fallado antes. La fortaleza no procede de lo que puedes hacer, viene de superar las cosas que alguna vez pensaste que no podías conseguir.

Cuando toca navegar contracorriente, cuando todo parece estar en contra debemos recordar que los aviones no despegan a favor del viento. No podemos dejarnos doblegar, la voluntad debe ser más fuerte que las emociones. Para que algún día, cuando examines tu pasado, puedas sentirte orgulloso y pensar que valió la pena no darse por vencido.

Al escribir la historia de tu vida, no dejes que nadie sostenga la pluma. Tú eres el capitán del barco, el piloto de tu avión, el dueño de tu destino. Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido.

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