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Analistas 05/06/2021

Transformar el autoconcepto

Aldo Civico
Antropólogo y estratega de liderazgo

¿Cómo prosperar en medio de la incertidumbre? Hoy estamos llamados a liderar nuestras vidas, carreras, empresas en medio de la incertidumbre, en un mundo que es cada vez más disruptivo. Es común tener conversaciones con los demás acerca del estrés que causan estos tiempos. Podemos observar los efectos de circunstancias externas en nuestros niveles de desempeño, al notar niveles de atención o motivación más bajos.

Es por eso que los líderes hoy están llamados a desarrollar no solamente las habilidades tradicionales de liderazgo, sino a consolidar o hasta transformar su núcleo interno; o sea la calidad de sus emociones, pensamientos, creencias, tendencias comportamentales. Es decir, la capacidad de liderar desde adentro hacia afuera para poder influenciar, primero que todo, a sí mismos y después al entorno en el cual operan. De hecho, es la calidad del núcleo interno lo que determina la efectividad con la cual, sobre todo en momentos de crisis, empleamos nuestras habilidades de liderazgo. Tener un núcleo interno sólido significa saber liderar desde adentro hacia afuera; desde tu interior influenciando a tu entorno. A lo largo de mi carrera he encontrado a varios líderes que han desarrollado esta madurez y que parecen inmunes a las circunstancias externas. Son líderes que, en lugar de perseguir resultados externos, escuchan a una sabiduría interna, tienen un nivel de consciencia que es superior a su frágil ego, no son víctimas de las circunstancias, sino conductores de innovación y cambio.

En estos días, estoy entrenando a más de 2.000 ejecutivos de una empresa multilatina, en una serie de talleres donde estamos explorando cuál es el perfil del líder para estos nuevos tiempos. Nos hemos enfocado en la necesidad de transformar nuestro autoconcepto. De hecho, es el autoconcepto lo que está en el centro de nuestro núcleo interno y es su calidad y madurez lo que influencia a su vez la calidad y eficacia de nuestros pensamientos, creencias, emociones y tendencias comportamentales. Un autoconcepto débil y frágil es la causa de una baja autoestima, mientras que un autoconcepto maduro, saludable, coherente aumenta los niveles de autoestima. Por ende, podríamos decir que la calidad de nuestro rendimiento y de nuestros resultados refleja la calidad de nuestro autoconcepto.

De hecho, el autoconcepto es la idea que tenemos de nosotros mismos. Es el resultado de la selección que hacemos de la inmensidad de nuestras experiencias para decirnos a nosotros mismos quiénes somos. No es una reproducción fiel de quienes somos sino más bien una representación que creamos para poder navegar la vida. Es como un mapa que utilizamos para orientarnos en la realidad. Es un mapa que podemos cambiar, transformar, enriquecer, para crear un autoconcepto que nos ayude a prosperar en la era de la incertidumbre y de la disrupción. Entonces, la calidad de nuestro autoconcepto es la calidad de nuestro rendimiento y, aún más importante, de la calidad de nuestra vida.