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Analistas 26/06/2021

Presencia plena

Aldo Civico
Antropólogo y estratega de liderazgo
La República Más

Dice el sabio Thich Nhat Hanh que el regalo más precioso que podemos ofrecer a los demás es nuestra presencia plena. Cuando desarrollamos esta habilidad generamos un espacio donde nuevas ideas, intuiciones y soluciones son posibles. Ya sea cuando un hijo, un empleado, un socio o un cliente nos comparte una preocupación, una duda, o una idea, es la calidad de nuestra presencia lo que puede determinar la calidad de la respuesta, la solución, el consejo.

Hace algunos años me encontré entrenando a unos líderes civiles de distintas ciudades de Siria, opositores del dictador Bashar al-Asad, en una ciudad en la frontera entre Turquía y Siria. El entrenamiento se dio en uno de los momentos de mayor tensión y violencia en la guerra civil de aquel país. al-Asad estaba acusado de utilizar armas químicas contra la población civil. Durante el taller, una mujer pidió la palabra. Su rostro estaba envuelto en un velo que se cerraba bajo su mentón. Cuando comenzó a hablar de inmediato sentí que su voz estaba agitada. Dijo que era una juez y que su familia había sido víctima de la violencia. Uno de sus hermanos había sido asesinado por las tropas de al-Asad y otro hermano había desaparecido. Contó detalles extremadamente dolorosos de lo que estaba viviendo su comunidad. Las mejillas de la mujer se bañaron en lágrimas y su voz se había vuelto un grito de desespero.

Yo me sentí invadido por el sufrimiento de esta mujer, como si una ola gigante me hubiera golpeado y tirado al suelo. Mientras escuchaba el testimonio de la juez, mi cerebro buscaba desesperadamente palabras que pudiera compartir, pero era tan asombroso lo que ella estaba viviendo que ninguna palabra parecía adecuada y posible en aquel momento. Durante unos instantes me sentí paralizado, casi en un estado de pánico por la impotencia que experimentaba; nada de lo que yo pudiera decir iba a consolar la angustia de esta mujer.

Fue en aquel momento que recordé las palabras del sabio budista y del don que nuestra presencia puede ser para los demás. De repente, sentí una gran calma y me puse simplemente a escuchar el testimonio de la juez, que seguía desahogando su dolor. Cuando terminó, de corazón, le di las gracias sin decir nada más.

Durante el receso, la mujer me buscó y para mi gran sorpresa me dio las gracias, porque al escucharla le había permitido destapar su dolor y ahora sentía calma. “Me has regalado paz”, me dijo. Para mí fue una gran lección. Lo que había experimentado como una debilidad (el no encontrar cómo responder a lo que la mujer estaba comunicando) se había transformado en una fortaleza cuando simplemente decidí estar presente, escuchar, dejando al lado la preocupación de ser un “experto” que tenía que aconsejar algo.

En esta era de la incertidumbre, donde muchas veces no tenemos la respuesta frente a lo que vivimos, ofrecer nuestra presencia plena es el regalo más grande que podemos hacer para que encontremos dentro de nosotros mismos la motivación y la luz que necesitamos para tomar una decisión.