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Analistas 30/01/2021

El miedo a colaborar

La República Más

El miedo es muchas veces lo que nos impide colaborar de manera efectiva y generativa. El miedo es lo que nos mantiene cerrados en nuestros silos, o anclados a nuestros hábitos, o recluidos en nuestros conocimientos, nos hace levantar barreras y escondernos detrás de escudos que nos protegen de nuestras fragilidades e inseguridades. Es el miedo a no ser suficiente, a ser rechazados, o a fracasar. Finalmente es nuestra resistencia a ser vulnerables, y por ende auténticos, lo que nos impide colaborar. Me atrevo a decir que es nuestro ego lo que, negándose a colaborar, nos lleva al fracaso de propuestas, proyectos y hasta negocios. Es esta resistencia a trabajar hombro a hombro lo que nos impide conectarnos con un futuro que quiere emerger.

Es nuestro ego, lo que en lugar de inducirnos a colaborar, nos lleva a competir hasta con nuestros mismos colegas y por ende a no compartir información, o hasta a desinformar, a estorbar el trabajo del otro, a crear desacuerdos, a diseminar chismes. Cuando hay una competición dañina las tareas se repiten, porque falta una sabia división del trabajo y desacuerdos permanentes alimentan conflictos destructivos. En lugar de cooperación, hay lucha por el poder experimentado como un juego de suma cero; el otro tiene que perder si yo quiero ganar. A estos extremos nos puede llevar nuestra incapacidad de cooperar, de ser vulnerables, de orientar nuestra acción hacia un bien más grande, hacia un propósito superior compartido.

Cuando en una organización sobresalen las dinámicas del ego no importa la concentración de talentos y experiencias que hay entre los directivos y empleados de una organización. La suma de talentos no es necesariamente garantía suficiente para un alto rendimiento. Le pasa a los mejores equipos de fútbol que tienen grandes talentos, pero no logran el resultado esperado. En mi trabajo, acompañando a líderes empresariales, he observado como muchas veces la falta de una cultura de la cooperación impide que una visión inspiradora se haga realidad y finalmente lleva al fracaso. En la era de la disrupción y de la incertidumbre, sin colaboración una promesa no se convierte en realidad.

Sugiero entonces que hoy las empresas solo pueden encarar los desafíos que los mercados enfrentan si logran desarrollar las habilidades y los comportamientos de una cooperación generativa. Solo si entendemos que las disrupciones y complejidades del presente requieren colaboración entenderemos la importancia de la cooperación. Como lo recuerda Adam Kahane en su libro “Colaborar con el enemigo” fue entender la necesidad de colaborar lo que acercó al presidente de Sudáfrica Klerk y al activista político Nelson Mandela y que, eventualmente, produjo el fin del apartheid. Fue la cooperación lo que permitió la innovación política necesaria en aquel país. Entonces, para que haya colaboración, tenemos que superar los miedos que alimentan a nuestro ego. Tenemos que entender el poder de la vulnerabilidad.