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¿Qué hacer con la política fiscal?

Mi colega Felipe Campos, gran economista y compañero de paneles varios, presentaba hace unos días en una conferencia un símil realmente simple y adecuado parar explicarle a la audiencia la situación fiscal actual de Colombia. Le decía Felipe al público, “imagínense ustedes que su hogar pasara de recibir $1.000.000 al mes a recibir solamente $500.000. 

Honestamente, podría su familia sostener el mismo ritmo de gastos en el tiempo?”. El punto es que Felipe explica en esa muy sencilla frase lo que está de por medio hoy en día en Colombia. La simple realidad es que a los colombianos nos va a tocar sincerar la cuestión fiscal.

Cuando la situación se pone difícil a nivel familiar, se tienden a recurrir a algunas soluciones incrementales y espaciadas en el tiempo. La primera solución tiende a ser utilizar la tarjeta de crédito, para no tener que bajar el ritmo de gasto inmediatamente. Trasladando el ejercicio al erario, muy seguramente el gobierno emitirá más deuda de la esperada en los siguientes dos años. El siguiente paso a nivel familiar es la austeridad; vender el carro, la finca, sacar a los niños del colegio caro y pasarlos al público. El gobierno no tiene opción diferente a vender activos para financiar el gasto, y el gobierno tendrá que entrar en una senda de austeridad bien agresiva en el futuro cercano, comenzando con “enflaquecer” a las compañías estatales (como Ecopetrol). Otra buena decisión sería la de deshacer el incremento en el tamaño del aparato burocrático que se ha visto en los últimos años. Otra discusión necesaria es la de ponerle coto a los subsidios. No puede ser que el gobierno le siga dando un subsidio de $2.000.000 mensuales a un pescador en San Andrés por la problemática de San Andrés y Nicaragua.

La tercera fase de la crisis familiar es buscar ingresos adicionales, o lo que yo denomino, avanzar en la “recreación” de las capacidades de la familia: empezar un negocio paralelo, tomar un curso técnico, aprender inglés o aprender programación. En el caso de Colombia como país, la solución a mediano plazo para lograr “reinventarse” es la de cambiar los lineamientos estructurales de la economía. La cuestión es bastante sencilla, en papel, obviamente. La prioridad inmediata es hacerles la vida muy fácil a los empresarios para que multipliquen sus ganancias en forma exponencial. La única forma en que se logra esto es bajando los impuestos al emprendimiento. Sí, como lo lee, bajándole los impuestos al rico, para que el rico gane mucho más dinero del que gana hoy en día, y para que de esa forma se atreva a generar nuevas fuentes de trabajo en el país. Nunca lo olviden: el emprendedor es el miembro más importante de la sociedad, porque hay muy pocos de estos en el mundo.  

Mejor dicho, el emprendedor merece que lo consientan. El empleado, no. El empleado genera bienestar para su familia. El empresario genera bienestar para la sociedad. Bajo la coyuntura actual fiscal, la única opción válida que existe para mejorar los ingresos del estado es lograr la aprobación de una reforma tributaria estructural que necesariamente tendrá que cobrarle más impuestos a la clase media, para poderle disminuir la tributación a la clase empresarial. Mejor dicho, la reforma tributaria estructural tiene que enfocarse en subir la tributación atada al consumo, y bajar la tributación atada a la inversión. No hay de otra.

Muchos me dicen “antisocial” cuando expreso estas ideas. A ellos les respondo: antisocial será la crisis que afectará al país si la inversión productiva se llega a estancar, algo que sucedería si el gobierno cae en la trampa de pretender financiar el hueco fiscal con más impuestos a los empresarios.