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Los niños y la inflación

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Alberto J. Bernal-León

Este año me he montado 72 veces en un avión. Me había hecho la promesa de viajar menos este año, para así poder compartir más tiempo con la familia.

Pero la responsabilidad prima, y gran parte de mi trabajo se monetiza a través de las conferencias que doy alrededor del mundo. Mejor dicho, la viajadera paga la hipoteca y el colegio de los niños. El punto es que cada vez hay más demanda de inversionistas para oír teorías sobre el por qué de los cambios tan dramáticos que estamos viendo en los mercados de capitales globales. Una pregunta obligada en todos los rincones del mundo hoy en día es el “por qué” de las tasas de interés negativas, el fenómeno actual que estamos viendo donde los inversionistas están dispuestos a pagarle a los gobiernos de, por ejemplo, Suiza, Alemania, Japón y hasta Grecia para que les reciban su dinero. Cuando yo fui a la universidad, aprendí algo muy diferente: que los gobiernos les pagaban a los inversionistas para que los inversionistas les prestaran su dinero.

El otro día leía en alguna parte que la cosa es tan extrema que hoy en día en Dinamarca, si usted tiene buen crédito, hay bancos que están dispuestos a ofrecerle una hipoteca para comprar vivienda con tasa negativa. Ajá, así como lo lee: la hipoteca todos los años vale menos, porque tiene una tasa de interés negativa. Mejor dicho, si usted tiene buen historial de crédito, usted puede comprar una casa en Dinamarca sin tener que gastar su dinero. ¿De no creer, no les parece?

¿Pero, por qué está pasando lo que está pasando? La única respuesta válida es que el mercado de renta fija está llegando a la conclusión de que la inflación es un fenómeno del pasado en el mundo desarrollado, y que el futuro, en el mejor de los escenarios, será uno de estabilidad de los precios al consumidor. Considero que la bajísima inflación que estamos viendo hoy en día se debe principalmente a cuatro factores: (1) información perfecta en las manos de los consumidores, (2) automatización de los procesos en el sector de servicios, (3) la violenta caída en la tasa de natalidad, y (4) el dramático cambio de “valores” que se está viendo en el mundo.

Información perfecta implica menos inflación porque hoy en día cualquier consumidor en cualquier lugar del mundo desarrollado compara el costo de un producto en un almacén X con el precio que le dan Google o Amazon al instante. Ese hecho implica que los almacenes no tienen la capacidad de subir precios (porque si lo hacen pierden la venta). La automatización de los procesos implica menos inflación porque los robots no piden aumento, no se toman días personales, y nos les da mal genio. La violenta caída de la tasa de natalidad implica menos inflación porque cuando uno no tiene hijos, no tiene que vivir en un apartamento grande, comprar pañales, pagar pediatra, u organizar fiestas infantiles que terminan costando una millonada.

El cambio de valores viene atado a la caída de la tasa de natalidad. Cuando no hay hijos, la visión de la vida de las personas es diferente a la mía, por ejemplo, y pasa de ser una visión de acumulación de capital para el futuro para convertirse en un interés de vivir cada día como si fuera el último. Por eso es por lo que las nuevas generaciones valoran mucho más las “experiencias” que los bienes materiales o la capitalización de activos. Y la evidencia parece estar indicando que la generación de “experiencias” genera menos PIB e inflación que la manufactura de un automóvil, por ejemplo.

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