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La definición de la lógica económica

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Dios me bendijo hace ya tres años dejándome en este mundo. Haberme ido a los 40 años implicaba una partida muy precoz. Me hubiera perdido de ver la graduación de quinto de primaria de mi hijo mayor, y me hubiera perdido la oportunidad de montar en carro descapotable con mi hijo menor. Me hubiera perdido la oportunidad de poder abrazar a mi esposa y a mis hijos viendo televisión los domingos por la noche. Y me hubiera perdido de ver todos estos “cisnes negros” que hemos visto en los últimos años. 

 La República confió en mí hace 17 años ofreciéndome la oportunidad de escribir semanalmente, con la única condición de que escribiera con pasión. Creo haber cumplido. También tengo un trato con mis lectores desde hace más de 10 años de publicar, por lo menos una vez al año, este escrito que describe mi pensamiento sobre la economía. No pienso incumplir el trato. El populismo es una enfermedad que ha generado mucha desilusión en nuestra región, y considero que es labor de la gente responsable desvirtuar las mentiras con las cuales los demagogos obtienen votos. Esta columna se basa en un documental que vi hace años, en algún canal de TV. El documental se enfocaba en cómo ha evolucionado la sociedad Chilena, comenzando desde la época de Valdivia, para luego discutir la época de Allende, la represión derechista, y terminando con el milagro económico y social actual.

 La parte más interesante del documental fue la filmación de una discusión impromptu que tenían un grupo de estudiantes de secundaria en un colegio estatal de Chile. La profesora moderaba la discusión, y los alumnos opinaban sobre la política, la economía, etc. Primaba el típico discurso trasnochado de la existencia de una explotación elitista, el discurso de la pobreza como la génesis inequívoca de la violencia, etc. Recuerdo, sin embargo, a un joven que me impresionó. Este joven, cuando le dieron el turno para hablar, dijo lo siguiente: “¿pero, y dónde queda el empresario? ¿Acaso el empresario no es el que nos da la posibilidad de trabajar?”.

 Considero que el mayor logro de la historia económico-social de Chile ha sido el haber logrado subir el estatus del emprendedor dentro de la sociedad. Que la gente admire el emprendimiento incrementa el interés del joven de tomar las decisiones adecuadas para lograr crear empresa en el futuro. En Chile, el generador de empresa tiende a tener mejor “estatus” que el empleado. Suena controversial, pero la persona más importante de la sociedad es el emprendedor. Nos guste o no, el emprendedor sostiene a la sociedad.

 La admiración al emprendimiento es la razón por la cual cuando uno toma un taxi en “El Golf” en Santiago, y toma Apoquindo con dirección a las montañas, en pocas cuadras llega al nuevo parque de negocios de Santiago, un parque repleto de edificios nuevos. Paso seguido dobla uno a la izquierda y entra en una autopista de varios carriles que no tiene nada que envidiarle a una de Alemania. En cinco minutos el taxi se sumerge en un túnel de varios kilómetros y de varios carriles que atraviesa la ciudad. Todos los carros son nuevos y ecológicamente amigables.

 Este es el milagro Chileno. Milagro que genera emprendedores que pagan impuestos. Y milagro que produce líderes como el expresidente Ricardo Lagos, quien decía lo siguiente en una conferencia en Nueva York hace ya unos 16 años: “mi objetivo como gobernante de Chile es asegurarme que cada niño en mi país tenga la opción y la capacidad, si así lo desea, de convertirse en el próximo Bill Gates”. Que delicia de mensaje. Y qué desgracia que millones aún no lo entiendan”.

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