MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
El progresismo global anda envalentonado con la idea de implementar un impuesto al patrimonio para remediar los supuestos daños que está generando el ascenso de la inteligencia artificial, y cómo este ascenso está creando muchos ricos a costa de los trabajadores que sufren las consecuencias de los avances en la productividad. Un ejemplo es el estado de California, donde en este momento los políticos de izquierda están tratando de avanzar el proyecto de ley llamado “2026 Billionaire Tax Act”, una legislación que busca que los billonarios del estado paguen 5% de su patrimonio para financiar proyectos sociales. Este proyecto aún continúa en consultas, pero ya está generando una cantidad de ruido político y un éxodo relevante de contribuyentes pudientes que hoy pagan impuestos en ese estado de la Unión Americana.
El pensador de derecha Konstantin Kisin, un intelectual que escapó cuando era niño del yugo totalitario de la Unión Soviética y que hoy en día se ha convertido en una de las voces más importantes del mundo en la lucha por la libertad y el capitalismo, argumentaba lo siguiente en un podcast con un par suyo que también cree ciegamente en la libertad: “Estimado, estoy seguro de que puedes nombrarme muchos negocios y billonarios que han abandonado el Reino Unido por la actitud antinegocios que la política británica ha tomado en los últimos años”… “Efectivamente, un ejemplo es el fundador de Revolut, una compañía financiera digital que hasta hace poco estaba incorporada en Londres. El señor Nick Strinsky, fundador de Revolut, según estimados que han hecho consultoras de alta reputación, debería estar en este momento pagando un impuesto de ganancia ocasional que asciende a 3.000 millones de libras esterlinas, obviamente, asumiendo que no se hubiera ido a vivir a los Emiratos Árabes Unidos, como ya efectivamente lo hizo...”.
“…Ahora, para poner este tema en lenguaje menos abstracto, lo que quiere decir para el Reino Unido que este señor se hubiera ido de Inglaterra a Emiratos Árabes Unidos y que se hubiera llevado esa cuenta de cobro de impuestos de 3.000 millones de libras esterlinas, es que Inglaterra ahora va a tener que lograr que 450.000 personas adicionales comiencen a tributar para cubrir el faltante que queda después del éxodo del señor Strinsky. ¿Por qué? Porque el contribuyente promedio del Reino Unido paga entre 7.000 y 7.500 libras esterlinas en impuesto de renta promedio por año. Ahora, para ponerlo en términos más sencillos aún, los impuestos que pagaba ese emprendedor (Nick Strinsky) equivalen a todos los impuestos que pagan los ciudadanos de una ciudad de tamaño medio en el Reino Unido”… Acto seguido, argumenta el intelectual de derecha Konstantin Kisin: “Felicitaciones, amigos progres, ¡lograron cobrarle los impuestos justos al billonario ese! Ahora 500.000 personas van a tener que pagar más impuestos para cubrir el faltante que quedó después de la decisión de ese empresario de abandonar Londres para irse a vivir a Dubái. Pero como hoy en día se ha vuelto moda decir que los ricos son malos, entonces la gente del común no oye estos números que demuestran que esa política de castigar a los ricos es la máxima definición de la irracionalidad”.
Yo caracterizo esta visión tan miope del mundo como la “tragedia de la empatía”. Hoy en día es muy popular argumentar que cómo puede ser posible que Elon Musk tenga tanto dinero mientras aún existe tanta gente en este mundo que pasa hambre. Empatía 101, obviamente. Pero lo que no logra entender la gente es que Elon Musk tiene un patrimonio de US$500.000 millones, que viene siendo lo mismo que vale el PIB de los Emiratos Árabes Unidos y/o Nigeria, porque Musk es el único ser humano de la historia que tiene la inteligencia y la tenacidad para construir un cohete capaz de llevar a los humanos a Marte. Si el mundo le jode el caminado a Elon Musk “por rico”, se quedará sin un emprendedor que lleve a la especie humana a Marte y sin alguien que tribute lo mismo que tributan millones de ciudadanos del común. La envidia es el peor pecado capital.
Y #OjoConEl2026
Somos una sola especie. Dependemos unos de otros. Compartimos riesgos y oportunidades. La tecnología impone ajustes frecuentes
La pregunta para América Latina es incómoda: ¿qué tipo de líderes estamos formando? ¿Abogados que protegen el statu quo o ingenieros que construyen el futuro? ¿Reguladores o innovadores? La formación no es un detalle académico