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Analistas 13/08/2016

El colapso de Venezuela

Alberto J. Bernal-León
Jefe De Estrategia Global, XP Investments
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Venezuela colapsó. El país más rico de América Latina ya no tiene para comprar medicinas, para comprar comida, ni para pagar las divisas necesarias para que las empresas de aviación sigan volando al interior y fuera del país. No hay divisas para importar ningún bien durable, y mucho menos para ensamblar automóviles. En mayo de 2016 se vendieron en Venezuela solo 253 carros nuevos. En 2007, el mayor año de ventas de la historia de ese bello país, los venezolanos compraron 491.899 vehículos. Mejor dicho, las ventas de carros en Venezuela han caído 99,9% desde 2007. 

El diagnóstico del colapso es sencillo. Es función única y directa de la política de la envidia. ¿Qué es la política de la envidia? No hay mejor forma de explicarlo que volver a contar una anécdota que me dijo un gran amigo venezolano hace ya un par de años.

Me contaba mi amigo que hace un tiempo unos ladrones se habían metido a la casa de una familia adinerada de Caracas, que vivía en el barrio Las Mercedes, un domingo en la noche. Ante la cotidianidad de los atracos, el dueño de la casa decidió tomar una actitud pragmática, para evitar que hubiera violencia en contra de él, su esposa, y su hijo de 21 años. Invitó entonces a los criminales a comer y a tomarse un whisky en la sala. Al compás del whisky y los sándwiches que les dio el señor, los criminales le desocuparon la casa y la caja fuerte. Ya a punto de salir de la casa, el jefe de la banda se voltea y le dice al dueño de la casa: “mira, pana, muchas gracias por la hospitalidad, muy buenos los sándwiches. Ahora, yo miro esta casa y veo que quedó desocupada, pero seguro que dentro de seis meses ya la tienes llena nuevamente y en un año ya seguro se te olvida todo esto. Por lo tanto, me toca dejarte un detalle para que nunca te olvides de esta noche.” Acto seguido, el criminal saca su pistola y le pega un tiro en la cabeza al muchacho de 21 años ante un padre que mira en desconcierto.

La tragedia venezolana no es solo que no haya papel higiénico en los supermercados, que no haya pollo, que no haya medicinas, que la moneda paralela valga una fracción de lo que valía hace apenas unos años. La tragedia venezolana es que el difunto Hugo Chávez Frías y su reemplazante, el ignorante Nicolás Maduro, han logrado generar tanto nivel de rencor en su país, que ya nada tiene límites. Recuerden algunas de las frases célebres de Chávez: “Ser rico es malo”, “malditos pitiyanquis”, “exprópiese”, “usureros”, “títeres del imperio”, “el capitalismo acabó con la vida en Marte”.

El génesis del Socialismo del Siglo 21 es la envidia, la pereza, y el total colapso del emprendimiento dentro de la sociedad. Cuando un país trata como un criminal a la persona que se esfuerza para salir adelante, colapsa. En la Venezuela de hoy, es más rentable ir a una clase de lectura una vez por semana en alguna misión, que ir a trabajar como cajero en un restaurante. En la Venezuela de hoy se necesita ser un completo maniático para armar una industria de muebles, sabiendo que si le va bien, acto seguido vendrá algún chavista resentido a pedir la expropiación de ese “rico pitiyanqui”.

Ya no hay vuelta atrás en el vecino país. O el gobierno actual colapsa ya mismo, y un gobierno más lógico toma las riendas, o el paso siguiente en Venezuela será el autoritarismo total, violento, y militarista, algo similar al sistema que existe hoy en día en Corea del Norte. Qué Dios guarde a los venezolanos... 

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