Analistas

Buena, pero no tan buena, noticia

El Dane nos contó hace unos días que la tasa de desempleo nacional había bajado a 9.2% en junio de 2013, siendo este el nivel más bajo visto en un junio desde que se inició la publicación de la tasa de desempleo bajo la nueva metodología. La noticia es obviamente buena, pues la persistencia de un alto desempleo siempre ha sido una de las mayores falencias del sistema económico colombiano. 
 
La no tan buena noticia es que esa disminución del desempleo no se debió al incremento del empleo a nivel nacional. Según el Dane, en junio de 2013 un estimado de 20.998.000 colombianos estaba trabajando, comparado con los 21.022.000 colombianos que trabajaban en junio de 2012. Se preguntará el lector entonces, ¿por qué razón disminuyó la tasa de desempleo, si hoy hay menos gente trabajando comparado con el año anterior? La respuesta está en el hecho de que el número de desempleados disminuyó en 207.000, al pasar de 2.343.000 en junio de 2012 a 2.136.000 en junio de 2013. Esos desempleados que ya no son desempleados, salieron de la fuerza laboral. En algunos casos, quizá las personas dejaron de buscar empleo porque se pusieron a estudiar, o quizá salieron de la fila de los que buscan trabajo sin suerte, porque su situación familiar mejoró. Al punto que voy es que no es lógico minimizar el hecho de que el desempleo esté bajando. Pienso que esa siempre es una buena noticia. 
 
Ahora, la pregunta más a largo plazo es cómo lograr que la economía de Colombia genere aún más y mejores empleos. Por el lado del subempleo, es una buena noticia que la tasa de subempleo haya caído a 47.9% en junio comparado con el 50.6% que se vio en mayo, y el 50.4% que existía en junio de 2012, pero el Gobierno y el sector privado tienen que seguir trabajando fuertemente para lograr que el subempleo siga bajando por debajo del mínimo de 40.1%, que se vio en noviembre de 2008. La reforma tributaria que aprobó la administración Santos, que redujo los parafiscales, es un buen inicio para disminuir el costo del empleo en el país.
 
Ahora, falta mucho, y todo está interconectado. Que enviar un contenedor de Cali a Buenaventura siga costando US$2.000, por la carencia de una autopista decente donde puedan transitar los camiones, autopista que según entiendo continúa trancada por culpa de una licencia previa, constriñe el espacio para generar más y mejor empleo. 
 
Por otro lado, la existencia de un sistema educativo público que no le da completa prioridad a las matemáticas, la computación, y la lectura, nos bloquea el desarrollo económico. Lo he dicho muchas veces en Twitter y lo repito en esta columna. Si yo tuviera alguna capacidad de generar cambio en el sistema educativo de Colombia, haría una cosa muy sencilla: decretaría una jornada única de 8 am a 6 pm, y el pensum sería de la siguiente forma: 8-11am, matemática pura, 11-12:30, ciencias y tecnología, 12:30-1 pm almuerzo, 1-2pm deporte, 2-6 pm comprensión de lectura. Con la obligación de que cada niño se leyera mínimo 40 libros por año. Mejor dicho, trataría de lograr que los niños de Colombia tuvieran la misma clase de educación que reciben los niños asiáticos. ¿Para qué, dirá el lector? Sencillo: para lograr que Colombia se vuelva un país de ingenieros. Y sí, acá esperando los tomates de los humanistas. 
 
Nota: Me contaron de la masiva concurrencia al taller democrático de Ibagué dirigido por el expresidente Álvaro Uribe, y del apoyo popular que recibió mi gran amigo Francisco Mejía, quien representa esa nueva generación de uribistas preparados, con visión de mundo, y convicciones firmes, que Colombia merece ver en el Senado de la República.