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Bernie, el soviético

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Alberto J. Bernal-León Jefe De Estrategia Global, XP Securities

Anda rotando en las redes un video de hace ya varias décadas donde se aprecia al candidato demócrata Bernie Sanders hablando sobre las bondades del sistema de transporte de Moscú en la otrora Unión Soviética, y donde comenta sobre lo “espectaculares” que eran los sistemas de educación cultural para los niños en la confederación. El candidato Sanders termina ponderando que un espectáculo artístico en Moscú costaba solo un dólar cincuenta. Valga decir que Bernie Sanders y su esposa escogieron a la Unión Soviética, el mayor enemigo histórico de EE. UU., como destino de luna de miel.

Sanders está liderando las preferencias electorales en las primarias demócratas, y lo está haciendo por un margen bastante significativo. Considero ese hecho una total aberración, pues es increíble que un demagogo del calibre de Sanders pueda estar recibiendo tanto apoyo de la población.

Pero mi opinión es irrelevante, lo relevante es el cómo votará la gente. Y la gente de hoy en día, especialmente los jóvenes, parecieran haber decidido que la lógica ya no debe importar en este mundo, y que, si vivimos de “paz, amor, e igualdad” todos los problemas del mundo se van a acabar. El problema real es que a estos mediocres no les han contado qué es la retención en la fuente.

Pero Sanders tiene un problema muy grande: su contendor, el presidente Trump, es un lobo sin escrúpulos. Y si alguien en este mundo sabe cómo influenciar a la gente, es el presidente Trump. Y en este caso Trump ni siquiera tendrá que mentir para derrotar a Sanders, pues las ideas de Sanders son tan patéticamente peligrosas, que cualquier persona con dos dedos de frente debería tener la capacidad de entender lo grave que sería para EE.UU. que Sanders ganara la elección.

Por ejemplo, el candidato Sanders ya les avisó a los norteamericanos que su intención es prohibir el fracking. Si eso llegase a ocurrir, EE. UU. pasaría de producir 14 millones de barriles de petróleo al día, a producir solo seis millones, implicando que EE.UU. tendría que pasar de importar 5 millones de barriles por día, a importar 14 millones, o, alternativamente, tendría que disminuir su consumo diario de petróleo en ocho millones de barriles (un 50%). No hay que ser un genio para entender que para disminuir la utilización de energía a la mitad toca apagar las máquinas de la economía. Mejor dicho, si EE.UU. prohíbe el fracking, la economía de EE.UU. caería en una depresión sin posible comparación.

El otro tema extremadamente controversial es el de la estatización total del negocio medico en EE.UU. Sanders es de esos demagogos como Gustavo Petro que creen que la salud no puede ser un negocio, porque la “salud es un derecho”. EE.UU. es el país más innovador del mundo en nuevos tratamientos médicos precisamente porque la salud en EE.UU. es un negocio. Pero acá también se va a estrellar Sanders, porque Sanders quiere prohibir la posibilidad de que la gente tenga seguro medico privado. Creo entender suficientemente bien a los norteamericanos como para poder predecir que los 185 millones de personas en EE.UU. que tienen seguro medico privado van a votar en contra de Sanders solamente por esta razón.

Es tierno ver como los jovencitos universitarios de EE.UU. le están asegurando la reelección a Trump por culpa de su fijación para con la “igualdad”. Todo por culpa de la falta de chancleta y autoridad en sus respectivos hogares, digo yo.

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