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Analistas 27/09/2022

Que la palabra sostenibilidad no te paralice

Adriana Gutiérrez Ramírez
Gerente de Bloom Ecoworking

Son muchos los temores que afloran cuando sale a relucir la palabra sostenibilidad en cualquier conversación cotidiana. Por un lado, el emprendedor que duda a la hora de denominar su proyecto como sostenible y por el otro, el consumidor que no entiende muy bien cuáles son los beneficios de explorar un estilo de vida en este sentido.

Empecemos por anotar que uno de los principales “paradigmas” que existen alrededor de este tema es el aspecto económico y aunque en parte es cierto, no lo es del todo. Maquinaria con un desempeño superior en términos ambientales hoy en día supone un costo más alto respecto a la tradicional, así como lo es consumir productos veganos, orgánicos o sostenibles en general. Lo llamo “paradigma” porque si bien es cierto no implica que una organización o un consumidor final deban renunciar a vivir o trabajar bajo los parámetros de la sostenibilidad.

Otro aspecto en el que las marcas deben empezar a formar sus mercados sostenibles es rompiendo con la idea de que la sostenibilidad nos priva de los placeres de la vida. Por el contrario, cuando descubrimos los beneficios de este estilo de vida es cuando entendemos que el verdadero bienestar proviene del equilibrio que nos genera mantener alineados cuerpo, mente y espíritu. Solo de esta manera estaremos viviendo en armonía con la sostenibilidad del planeta.

Claramente, nos paralizamos ante la palabra sostenibilidad porque existen muchos vacíos conceptuales alrededor del mismo e impera a la vez una gran cantidad de perfiles en redes sociales de influenciadores altamente sesgados por sus creencias muchas veces limitadas al respecto. Fanáticos animalistas y ambientalistas han sido los estandartes de esta nueva “tendencia”, que más que más que una moda es una necesidad colectiva de bienestar con uno mismo y con el planeta. Incluso me atrevo a asegurar que hoy en día las empresas y los mercadólogos detrás de ellas no han sabido asumir desde su rol la responsabilidad de formar y mantener mercados sostenibles. Rol que han asumido con éxito fanáticos que se han ido al extremo del asunto castrando con sus ideas, comentarios y pensamientos rígidos, la posibilidad de que muchas personas, emprendimientos y organizaciones empiecen a incorporar comportamientos y prácticas sostenibles si necesariamente tener que ser 100% sostenibles.

Es posible que un individuo logre llevar a cabo un estilo de vida circular, con cero residuos y sin atentar contra el medio ambiente y la sociedad en un país como Colombia, pero tendrá que vivir completamente aislado de una realidad que ni yo como emprendedora, como consumidora ni como mercadóloga puedo modificar y es vivir bajo un sistema económico lineal. Pocos países o ciudades en el mundo han logrado migrar completamente a un sistema circular y aún así es bien complicado hablar de sostenibilidad al 100% en un planeta en el que impera el consumismo de manera tal que comprar, usar y botar rápidamente son las costumbres con las que crecimos algunas generaciones.

Por tanto, no se trata de ser un hippie exagerado o un loco arriesgado para no dejarse paralizar por la palabra sostenibilidad. Se trata más bien de entender que esto es un proceso que implica tiempo, que llevamos muchos años consumiendo de manera lineal, que necesitamos de la buena voluntad de los gobiernos y de nuestros líderes para ir migrando nuestros modelos económicos hacia la circularidad, se trata de favorecer e incentivar este tipo de iniciativas de emprendimientos sostenibles y de que nos quitemos el velo de que en la sostenibilidad es “todo o nada” o que vamos de cero a cien en segundos. La clave radica en ser conscientes del cambio que necesitamos como individuos y como sociedad y sobretodo entender desde las marcas que el eje de todo esto esté cimentado en los valores de la comunicación y la honestidad.

Solo en la medida en que no nos dejemos arrastrar por los falsos o sesgados gurús de la sostenibilidad que abundan por las redes sociales, en que entendamos que la sostenibilidad es mucho más que productos ecoamigables y que también tiene grandes implicaciones sociales, y que además todo es un proceso honesto con errores y aciertos que debemos comunicar desde la transparencia…iremos formando mercados que comprenden la sostenibilidad como un sistema de prácticas humanas alejadas de la perfección.

La sostenibilidad cada vez es más accesible a las personas, a las empresas y a los emprendedores, los costos elevados de la maquinaria ya no son un obstáculo, pues existen miles de buenas prácticas con las cuales se puede incursionar en este mundo. Tampoco es necesario estar 100% inmersos en un sistema económico circular. Solo requerimos de un tantico de consciencia y ganas de ir de poco en poco sumando buenas acciones al planeta pero sobretodo a nosotros mismos. No permitas nunca que la palabra sostenibilidad te paralice y te impida sumar.

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