Nos hemos acostumbrado a vivir en una carrera contra el tiempo y el acelerador a fondo con piloto automático y turbo activado; la rapidez con que hacemos las cosas y tomamos decisiones se apoderó de nuestras vidas y parece, por la manera como actuamos, que viajáramos sin pensar hacia dónde queremos ir.

La tecnología avanza a una velocidad increíble y parece que se llevara todo por delante. Vivimos y consumimos de manera inconsciente, y los ciclos de vida en el mundo de la industria y los servicios son demasiado cortos; la obsolescencia programada es una práctica que incrementa aún más esta problemática.

Somos dominados por las redes sociales, sin darnos cuenta de que el planeta se apaga y muchas personas no viven en condiciones dignas. El calentamiento global es visto como una teoría peregrina, pasajera, quizá más rápida y corta que el ‘Fast Fashion’.

Y de repente llega una pandemia que nos frena en seco y nos pone a pensar en estos temas, e invita a reflexionar sobre que quizás vamos demasiado rápido. Recibimos con alegría los avances tecnológicos, como si además fueran la salvación para muchos empresarios, consumidores y la sociedad en general.

Pero, ¡ojo!, para bien o para mal, ha llegado a hacer parte de nuestras vidas y de nuestra nueva realidad; no en vano, ya se habla del marketing 5.0, libro que saldrá al mercado el próximo año bajo la coautoría de Philip Kotler, una visión que rompe esa mirada netamente tecnológica y le devuelve al mercadeo la posibilidad de actuar en una realidad que no puede desligarse del arte y del ser humano, similar a como se plantea bajo la versión 3.0 por el mismo autor.

Veníamos tan rápido que no veíamos con claridad qué marcas de las que se consumían eran social y ambientalmente respetuosas. Apoyamos sin saberlo, economías que desafían la desigualdad de género, y hemos caído nuevamente en un ambiente consumista al que tenemos que prestarle atención.

En buena hora, la tecnología llegó para quedarse y ayudarnos a resolver muchos problemas, pero no es la tabla salvadora a la que debemos entregar nuestras responsabilidades. Con ella, dimos la bienvenida al marketing 4.0, que abrió las puertas al llamado “marketing digital”, y a un entorno de consumo desmedido que poco a poco ha ido desplazando la visión humanista del mercadeo, haciendo que sea urgente entender que este es uno solo y que el entorno digital hace parte de las herramientas o canales de los que disponemos hoy para hacer un buen trabajo mercadológico, pero no es un nuevo mercadeo como se quiere hacer ver, visión sesgada que ha generado brechas generacionales en la práctica empresarial con posturas opuestas que ponen en riesgo el ejercicio de esta disciplina desde lo estratégico.

‘Fast fashion’ y ‘fast food’ son tendencias que crecen bajo la economía lineal. Por tanto, la tecnología bien orientada será una herramienta invaluable para el marketing. El etiquetado verde es un aporte sin precedentes que nos brinda la tecnología y un gran reto a quienes estamos al frente de proyectos de desarrollo sostenible.

Estamos muy cerca de que nuestros productos y servicios sean medidos por la tecnología en términos de sostenibilidad y nosotros, mientras tanto ¿seguimos en piloto automático o nos estamos preparando para los nuevos hábitos de consumo verde?

Para bien o para mal, en el mundo 4.0 todo es cuestión de ética.