Analistas 09/09/2020

Inestabilidad política y crisis económica

La pandemia, el confinamiento y la incertidumbre han servido para mimetizar, que no borrar, el tamaño de la crisis política e institucional causada por la ilegal detención decretada contra el presidente Uribe, de lejos el dirigente político de más altos quilates de la historia reciente de nuestro país.

Como decimos los penalistas, el iter criminis consiste, en este caso, en reducir al presidente Uribe a condición de “secuestrado”, para despejar el camino de la izquierda radical de cara a las elecciones presidenciales de 2022. No nos llamemos a engaños. Hoy por hoy, el único líder político capaz de contener la llegada de un modelo neocomunista a nuestro país es Álvaro Uribe Vélez. Lo que algunos llaman “la caída de Uribe” tiene unas consecuencias demoledoras, que aún no hemos visto en su exacta dimensión.

La amenaza de la extrema izquierda es un manto oscuro que se tiende sobre Colombia. Ello, por supuesto, genera dudas e incertidumbre en el deprimido aparato productivo nacional. Frente a la posibilidad del acceso al poder de una facción que tiene el propósito de ajustar cuentas con “los ricos” -así lo ha planteado Iván Cepeda-, muy pocos estarán dispuestos a jugársela a fondo por la recuperación económica.

No existe posibilidad alguna de que capitales foráneos vean a Colombia como un destino atractivo, cuando el gran defensor del liberalismo económico está siendo objeto de una infame persecución judicial, que tiene como propósito allanar la vía para la victoria del sector político cuyo modelo económico parte de la estatización, la expropiación, la persecución a la iniciativa privada y, por supuesto, el adelgazamiento de las libertades democráticas.

Cuando los saqueadores logren derrumbar el muro de contención de la fortaleza, todo estará perdido. No habrá nada que hacer. Por eso, es tan importante superar cuanto antes la macanuda crisis política que se ha desatado por cuenta de la absurda determinación de la sala de instrucción de la Corte “Suprema” de “Justicia”, volviendo al orden natural de las cosas que, en plata blanca, significa el retorno del presidente Uribe a la libertad, esa misma que jamás debió haberle sido arrebatada.

Los delincuentes de la extrema izquierda saben que, en franca lid, jamás podrán apoderarse del Gobierno. Ellos, que parten de la diabólica estrategia leninista de la combinación de todas las formas de lucha, están dispuestos a todo para alcanzar su objetivo. Mientras eso sucede, el pánico económico toma una muy entendible fuerza. Ahora, cuando todos los países buscan fórmulas sensatas en procura de su reactivación, nosotros, además de resucitar a la economía, tenemos que hacerle frente al cáncer socialista que avanza aceleradamente y amenaza con hacer metástasis.

Solo hay que esperar a que se finiquite el desmonte del confinamiento y llegue la hora de hacer un corte de cuentas respecto de las consecuencias económicas de la pandemia. Ahí nos daremos cuenta de que el problema generado por el virus es un juego de niños, comparado con la catástrofe que causaría el acceso de la extrema izquierda al Gobierno Nacional.