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La reforma tributaria es un buen avance al proponer IVA universal lo que genera devolución, formalidad y sentido común para todos los consumidores
La ponencia de la nueva reforma tributaria debe estar lista la próxima semana para que empiece a ser debatida en las comisiones económicas conjuntas antes de que llegue diciembre. La discusión debe ser de cara al país y sin argumentos populistas, ni verdades a medias que se convierten en mentiras. El articulado de la iniciativa presentada por el Gobierno Nacional tiene un gran aporte entre sus líneas y es proponer un Impuesto al Valor Agregado universal de 18% que irá descendiendo hasta 17% en 2020. La fórmula tributaria propuesta pretende recaudar $11,4 billones, casi la totalidad de los $14 billones que necesitan las cuentas nacionales para honrar sus promesas de campaña y poner a andar el Plan Nacional de Desarrollo, “Todos por Colombia”, con un ambicioso esquema de políticas públicas para mejorar la infraestructura y aumentar la inversión en las industrias creativas y en el sector educativo. La reforma tributaria debería haberse radicado el mismo día de la posesión, el pasado 7 de agosto, pero el tiempo pasó y está dejando huella.
El IVA aparece en 1963 con el Decreto Especial 3288 donde se configura un impuesto monofásico aplicado a la industria. En 1975, con la Ley 20631 de Alfonso López, se gravó los productores e importadores con una tarifa general de 10%. En 1983, mediante el Decreto Ley 3541, Belisario Betancur lo amplía al comercio minorista, como Impuesto al Valor Agregado con una tarifa de 10% y otras diferenciales de 20% y 35%, pero con el defecto de hablar de “exentos y excluidos”. En 1990, César Gaviria lo sube a 12% (mediante la Ley 49) y en 1992 lo hace saltar brevemente de 12% a 14%, y a 45% para bienes suntuosos. Ernesto Samper, en 1996, lo pasa de 14% a 16%; dos años más tarde, Andrés Pastrana, lo baja a 15%, pero en 2000 lo vuelve a poner en 16%. Y en 2016, Juan Manuel Santos aumentó la tarifa al actual 19%. En sus ochos años (2002-2010), Álvaro Uribe no tocó las tarifas del IVA, pero sí metió y sacó bienes y servicios con el esquema de exentos y excluidos. Ahora, Iván Duque ha puesto en consideración bajarlo a 18% el próximo año y a 17% en 2020, pero universalizarlo incluyendo la sensible canasta familiar, que hasta ahora nunca había sido objeto de impuestos al consumo, por la simple razón de ser una idea muy impopular.
A nadie le gustan los impuestos, pero esta reforma tiene el gran paso de poner sobre el debate generalizar el IVA a una tarifa de 18%, que es muy alta. Si miramos las cifras, el recaudo de IVA le ha garantizado a las arcas nacionales ingresos que van de $21 billones en 2010 a más de $35 billones para este año, lo que se ha convertido en una fuente inagotable de recursos de los consumidores. Ahora bien, si la propuesta de 18% es muy alta y verdaderamente le pega al bolsillo de todos los colombianos, hay que partir de la labor, aún pendiente del Gobierno Nacional, de generar mayor sensibilidad y conciencia sobre la urgencia de unificar las tasas del IVA, pues en la actualidad el esquema de exentos y excluidos abarca tarifas dispares de 0%, 5% y 19%. El Gobierno y los congresistas deberían armar un frente común para bajar el IVA hasta 12%, pero llevarlo a todos los productos, como una manera de generar más conciencia sobre la necesidad de formalizar la economía y empezar por hacer devoluciones de ese impuesto; obvio, empezar por los estratos bajos y en un futuro a la clase media.
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