jueves, 9 de julio de 2020

Una noticia que hace ilusión es que la cosecha de café del primer semestre fue histórica y llega en un momento de incertidumbre sobre la economía, pero nunca sobra un buen consejo

EditorialLR

A ningún sector económico el país le debe tanto como al cafetero. Gracias a su labor en el campo, a su cultura y a su larga tradición, el café llega a regiones empobrecidas y las transforma, llevando desarrollo y bienestar, al punto que el gremio cafetero representa en ocasiones la esquiva institucionalidad en rincones otrora capturados por la violencia.

Durante muchas décadas -en los años de grandes bonanzas- los comités departamentales no solo construyeron, acueductos, carreteras y escuelas, sino que crearon mercados que hoy benefician a medio millón de familias.

Gracias al café, los departamentos de Caldas, Quindío y Risaralda hoy gozan de un bienestar y calidad de vida superiores a muchas otras regiones colombianas, aunque con el paso de los años el Eje Cafetero se ha desplazado a lugares más productivos, con mano de obra muy barata y una mayor precariedad en el inmobiliario rural; Cauca, Huila y Nariño han pasado a ser el verdadero Eje Cafetero, no solo en tamaño de la cosecha, sino en área sembrada y con cultivos de mayor calidad en un mercado más exigente.

Y aunque parezca raro, la pandemia ha traído consigo una cosecha histórica en el primer semestre de 2020. Hablamos de 6,1 millones de sacos que valen $3,7 billones, 30% adicional de lo que costó la del año pasado, con menos café, cuando cerró en $2,9 billones. Entre enero y junio, el precio promedio de cada saco de café de 125 kilos fue de $1.024.283, un 42% más alto que en el primer semestre de 2019. Cifras que representan la mejor rentabilidad de la historia, si se tiene en cuenta que producir cada saco cuesta $782.000.

Hay que tener en cuenta que entre enero y junio se exportaron 5,7 millones de sacos, eso fue 12% menos que en el primer semestre de 2019; es decir, que pese a que hubo menos café, se vendió mejor, la explicación no es otra que el cierre de muchos países y los coletazos de las distintas cuarentenas en varios lugares del mundo tradicionalmente consumidores de café.

En lo que tiene que ver con los beneficios internos, se debe tener en cuenta que durante este primer semestre se registró uno de los picos más altos en la historia del precio de la carga: en marzo alcanzó más de $1,3 millones, nunca había pasado eso.

Vale la pena destacar las buenas noticias que llegan del sector cafetero en lo que tiene que ver con sus millonarios ingresos en el pasado primer semestre, pero no sobra darles un buen consejo a los productores y exportadores del grano, y es que deben ahorrar y capitalizar en sus fondos privados para evitar acudir a los subsidios estatales que piden cuando las vacas flacas sean una realidad.

Hubo hace algunas semanas ideas de políticos de las regiones productoras para aprovechar la pandemia y entregarle al Estado algunas obligaciones crediticias, por fortuna, esa mala idea no prosperó. La parafiscalidad ha funcionado en el gremio cafetero, han sabido administrar bien el Fondo Nacional del Café, a diferencia de lo sucedido en otros gremios y eso hace parte de su crecimiento y éxito histórico.

Una larga vida al cultivo del café y ojalá siga transformando regiones pobres y conflictivas, tal como hoy lo ha hecho con una buena parte del departamento del Huila que desde hace algunos años es el mayor productor de grano; el papel social del café es muy importante y es un caso de estudio para sacar a grupos vulnerables de la pobreza.

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