martes, 4 de febrero de 2020

Las cifras macroeconómicas de Colombia son de las mejores del vecindario, pero en el ambiente sigue rondando el fantasma de una inexistente crisis ¿cómo sensibilizar los buenos números?

EditorialLR


El Estado de la Economía es un ejercicio necesario de análisis que busca “pasar al tablero al Gobierno Nacional” para que ahonde y explique sus resultados del año anterior y las proyecciones para los próximos 12 meses. Es escuchar en primera persona al Presidente de Colombia o a sus ministros de Estado -responsables de gestionar y ejecutar políticas públicas- sobre sus roles y funciones en torno a los números que muestra el desempeño económico de la administración central.

En términos generales, las cosas no van tan mal como en los medios de comunicación generalistas se estila y mucho menos se observa cuando un lector desprevenido se informa a través de analistas o columnistas interesados en desviar el discurso económico.

Obviamente, ya ha pasado más de año y medio de esta administración y los actores políticos y empresariales exigen resultados más contundentes, sobre todo en lo que tiene que ver con grandes reformas, pero la dinámica no ha permitido que se acuerden grandes pasos estructurales en las necesarias reformas de pensiones, laborales o de uso de plataformas tecnológicas.

Mucho menos se han adelantado las tareas en ahondar la descentralización administrativa, la regionalización de la economía, una reforma agraria de carácter agroindustrial y la modernización de la justicia. Son muchos los pendientes que tiene el Ejecutivo en un país acostumbrado a negociar con el Congreso sin importar la eficiencia del gasto o el carácter quirúrgico de las necesidades más sentidas.

El gobierno de Iván Duque comienza un año con muy buenos resultados desde la óptica macroeconómica, números que ponen a Colombia como el país de mayor crecimiento en términos de PIB en la región con metas de 3,7% para 2020 que lo aleja del estancamiento que presentan las economías más grandes de Iberoamérica.

Nadie puede discutir por ejemplo que el Banco de la República -que poco tiene que ver con el Gobierno- haya logrado mantener a raya la inflación en porcentajes menores a 4% y que mantiene metas en torno a 3,3%, una cifra impensable en el vecindario, muy a pesar de que las economías cercanas están dolarizadas.

La otra buena noticia macroeconómica viene de la mano de la estabilidad en las tasas de intervención del Emisor que por casi dos años ha estado en torno a 4,25%, indicador que envía un mensaje de estabilidad en el manejo monetario y de tranquilidad para proyectar los créditos a personas naturales y jurídicas.

Más allá del PIB, las tasas centrales en 4,25%, de una inflación por debajo de 3,3% y de gozar de grado inversión por parte de las calificadoras de riesgo, está que muy a pesar de haber alojado en la economía más de dos millones de venezolanos, la generación de empleo ha sabido soportar ese choque externo y absorber la abundante mano de obra en varios sectores en franco crecimiento como es el agropecuario y la construcción, que hoy tienen dinámicas muy distintas a las del año pasado.

Ahora solo hay que esperar para evaluar cuál va a ser el comportamiento y la asimilación de los llamados pactos por el crecimiento y su componente en el alza de las exportaciones que son uno de los grandes lunares de la economía. Hay que sensibilizar más sobre la realidad de la economía y evitar que los vacíos existentes se presten como trincheras de opositores políticos.