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EDITORIAL Odebrecht se traga a Trappist y Zealandia
sábado, 25 de febrero de 2017
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El hallazgo del sistema solar que orbita en torno a Trappist-1 y Zealandia, el continente sumergido, son de esas noticias disruptivas

 

Mientras la opinión pública colombiana sigue debatiendo entre los escándalos de Odebrecht y el creciente enfrentamiento político de cara a las próximas elecciones presidenciales, el mundo científico avanza frenéticamente poniendo temas en la agenda académica mucho más trascendentales para la construcción histórica de la humanidad. Esta semana que termina, investigadores de la Nasa dieron a conocer que a 40 años luz de la Tierra existe un nuevo sistema solar con siete planetas del mismo tamaño del nuestro, que podrían tener agua, elemento vital vinculado con el oxígeno. El nuevo sistema se llama Trappist-1 y le ha cambiado rumbo a la investigación espacial, bajo las palabras de los mismos investigadores, “la cuestión ahora no es si encontraremos un planeta como la Tierra, sino cuándo”. La importancia cotidiana de esta noticia es tal, que todos los textos de astronomía y los estudios elaborados durante siglos a la fecha, han quedado obsoletos de un momento a otro. El anuncio es un auténtico Cisne Negro en términos de Taleb y le dará un giro total a los caminos galácticos trazados en el espacio, hasta bien entrada esta segunda década del siglo XXI. El otro hecho es el descubrimiento de Zealandia, un continente sumergido dado a conocer esta misma semana por la Sociedad Geológica de Estados Unidos (GSA, por sus siglas en inglés) que publicó un estudio en el que se detalla la existencia del nuevo continente al sur del Pacífico; una gran extensión de tierra cuyo punto más alto es Nueva Zelanda. El continente se estudiaba desde hace dos décadas, bajo el nombre de Tasmantis como un desprendimiento de tierra de Australia hace unos 70 millones de años. Es un descubrimiento geográfico apasionante, máxime si se tiene en cuenta que más de 95% de ese territorio está hundido en el Océano Pacífico con toda su riqueza histórica por descubrir y que puede ser del tamaño de un país como India. Dos temas disruptivos en la astronomía, la geología, la oceanografía y en la ciencia en general, que no pueden pasar desapercibidos en los foros de análisis y los debates en el mundo académico nacional y mucho menos en los medios de comunicación. Estamos atrapados en el proceso de paz, en la trama corrupta de Odebrecht, en los desafíos personales de los expresidentes y en el calor creciente de la nueva contienda electoral, mientras tanto la ciencia avanza, las universidades más influyentes publican y transforman, y las instituciones como la Nasa y la Sociedad Geológica hacen obsoletos los conocimientos que nos han enseñado hasta ahora. Es una semana de febrero verdaderamente fantástica en el mundo de la ciencia, pero el debate de Colombia sigue allí, patinando en el lodazal de la corrupción entre privados y públicos; en los sinsabores del proceso con las Farc; en las intenciones subyacentes de los políticos, todo en medio de una opinión pública sin orientación curada.

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