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EDITORIAL No podemos ser inferiores a la visita del Papa
miércoles, 6 de septiembre de 2017

Más de medio siglo de guerra hizo que muchos perdieran su capacidad de asombro, hoy con el Papa aquí en nuestro país, cabe un espacio de reflexión

Editorial

La máxima autoridad de la iglesia católica, el Papa Francisco, está en nuestro país y ese hecho histórico inmenso debe hacernos reflexionar como Nación, para construir el verdadero futuro en paz y reconciliación para el bien de las próximas generaciones de colombianos. ¿Y por qué es importante esta visita papal? Es la tercera vez, que quien ocupa el más alto cargo del cristianismo universal, viene a Colombia en condiciones muy distintas. El primero fue Pablo VI quien en 1968 visitó a Bogotá, capital de un país casi rural de mayorías católicas. Con el paso de los años, y bien entrada la década de los 80, vino Juan Pablo II en 1986; uno de los momentos más malos de un país sufrido acosado por el crecimiento del narcotráfico, el accionar de las guerrillas y las inclemencias de la naturaleza. El Papa polaco era un pastor por naturaleza que hoy está elevado a los altares como santo de la iglesia católica. Sus prédicas aún son recordadas por los católicos en las ciudades intermedias que visitó en su momento como Popayán y la desaparecida población de Armero, en Tolima. Fue un momento pleno donde la presencia papal ayudó a la fugaz unión entre los colombianos para zanjar algunas diferencias, pero la fragilidad de la sociedad, el paso de lo rural a lo urbano, los desplazamientos internos, los gobiernos erráticos, la desigualdad y el crecimiento del narcotráfico, nos arrojó de nuevo a la permanente coyuntura de confrontación social, política y económica con la que hoy convivimos. Ahora está aquí Francisco, el primer Papa latinoamericano que ha roto los moldes del Vaticano tradicional; que habla nuestro idioma y quien se ha conectado de una manera distinta con las nuevas generaciones. Es un gran líder que genera muchos comentarios positivos y negativos a su paso y del cual esperamos palabras sabias que nos lleven a la reflexión profunda como personas, colectivos y a la sociedad en general.

Esta semana vienen varias jornadas espirituales en las que invitamos a oír más y a hablar menos. No podemos desconocer que el Papa está aquí; que ha venido a predicar; y nos hablará como colombianos -de tu a tu- con el conocimiento profundo que tiene de nuestra situación política y regional, no solo como argentino, católico y jesuita, sino como líder espiritual de la mayoría de colombianos. Es un momento histórico que debemos desmediatizar y quedarnos con sus palabras de fuego que lo han llevado a ser una de las dos o tres personas más influyentes del mundo. No en vano (caso que no es menor) la misma guerrilla del ELN ha decido avanzar en un cese al fuego bilateral como principio de una gran reconciliación. En pocas palabras es un momento de grandeza y no podemos ser inferiores a la visita de un Papa. Ya le oiremos sermones profundos hechos a la medida para nosotros, aquí en Bogotá, Medellín, Villavicencio o Cartagena. En lo económico, Francisco ha reiterado en distintos escenarios que “necesitamos rechazar una concepción mágica del mercado, que sugeriría que los problemas pueden ser solucionados simplemente con un incremento en las ganancias de empresas o individuos. ¿Es realista esperar que aquellos que están obsesionados con maximizar las ganancias se detendrán a pensar en el daño climático que dejarán a las futuras generaciones? (...) En una palabra, los negocios reciben ganancias calculando y pagando sólo una fracción de los costos involucrados. Pero sólo cuando ‘los costos económicos y sociales de terminar los recursos ambientales compartidos sean reconocidos con transparencia y cargados completamente por aquellos que los usan, no por otras personas o generaciones futuras’, pueden ser consideradas acciones éticas”.

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