jueves, 5 de septiembre de 2019

La Misión de Transformación Energética no puede convertirse en un convidado de piedra en el norte del sector más estratégico de la economía en tiempos de no convencionales

EditorialLR


Mientras el país político se encuentra aún convulsionado por los últimos hechos de violencia y la reconformación de grupos delincuenciales, en la esfera económica se debate en silencio el futuro del sector energético, justo en un momento en el que la generación de energía está llamada a convertirse en la nueva joya de la corona de la economía. El mundo desarrollado le está cerrando las puertas a los combustibles fósiles y en pocas décadas toda energía generada a partir de la extracción de combustibles y minas será tan proscrita como los cigarrillos, que antes fueron vistos como una moda o una forma de vida. En resumen, el petróleo y el carbón son los nuevos cigarrillos, pero hasta que eso llegue, países como Colombia deben adaptarse a la nueva realidad, pues no se puede cambiar todo de un año para otro. El primer problema que enfrenta el país es con el carbón; los países de la Unión Europea deberán cerrar todas sus centrales con este mineral antes de 2030 si quieren cumplir el Acuerdo de París sobre el cambio climático, situación que se ha convertido en un imperativo para que los mercados emergentes hagan lo propio, y Colombia es uno de los más afectados, pues el carbón es uno de sus productos de exportación primaria más importantes y aún es una fuente de regalías para regiones como Guajira, Magdalena y Cesar.

No es una exageración decir que en pocos años la extracción de carbón será mínima, situación para la cual deben prepararse las regiones productoras; lo preocupante es que la misma suerte correrá el petróleo, aunque mucho más tarde, fecha que será determinada por el ascenso en el mercado de las energías renovables, entre las cuales puede llegar a incluirse el agua. Mientras todo eso ocurre, el gas es el combustible de transición y, como tal, debe valorarse en el mercado colombiano. Mucho de lo que se desarrollaba con carbón y que hoy se viene haciendo con petróleo, será bien visto sea producido con gas; combustible que hoy ocupa un lugar relevante en el consumo de las familias y en el transporte masivo de pasajeros.

Pero hay una mala noticia y es que solo hay reservas de gas para una década y la demanda crece más que la misma oferta. Una de las salidas a esta inminente crisis de producción de gas no solo es que se aceleren los pilotos de fracking, sino que la Misión de Transformación Energética cumpla al pie de la letra con la entrega de sus informes, recomendaciones y conclusiones para final del año y deje plasmada la hoja de ruta de las energías renovables, los no convencionales y el remplazo del sector carbonero, que, insistimos, será el primero en desaparecer del mercado internacional. Son muchas las cosas que están pasando en silencio en el sector energético colombiano y todo el sector privado debe estar atento a las decisiones que se están dando y que afectarán la marcha de la economía.

El presidente Duque conformó la Misión y la calificó como trascendental porque su tarea debe incorporar las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial y hacer frente a los desafíos del cambio climático. El mayor desafío que tendrá la Misión es analizar y recomendar caminos para el crecimiento de la demanda de energía, que ha sido de 4% en las últimas dos décadas. Es una gran discusión y análisis que ojalá ni se politice ni se deje capturar por otras visiones distintas a las de interés nacional.

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