jueves, 2 de abril de 2020

En el estado de emergencia se deben actualizar y rediseñar la elaboración y el cumplimiento de los Planes de Desarrollo de los departamentos no se pueden hacer solo por un ejercicio legal

EditorialLR

La planeación es una de las principales herramientas para anticiparse a las crisis, pero es más útil cuando no hay manera de salirse de una situación problema como la que atraviesa el país, y los planes regionales de desarrollo no se escapan a esa sentencia, por ello es pertinente que el Departamento Nacional de Planeación aplace la entrega de estos a los departamentos hasta que haya nuevas directrices enmarcadas en la nueva realidad del país y del mundo.

Los 32 gobernadores así lo entienden y le solicitaron al presidente de la República, Iván Duque, que amplíe el plazo de la elaboración y aprobación de los Planes de Desarrollo Departamentales, pues argumentan que se han tenido que replantear las prioridades a causa de la propagación del Covid-19 y la cuarentena y han tenido otros inconvenientes. Exponen varias razones que motivaron la solicitud: la primera tiene que ver con la deficiencia de las herramientas tecnológicas, las cuales impiden el desarrollo de trabajos óptimos con las comunidades. Las socializaciones virtuales en las zonas rurales se dificultan debido a la baja conectividad existente en varios departamentos, lo que impide cumplir con los tiempos de socialización estipulados. A renglón seguido, plantean los gobernadores que los temas presupuestales del Plan de Acción 2020 han sufrido variaciones por el estado de emergencia y deberán ser ajustados para la construcción y cumplimiento de los Planes de Desarrollo.

La tercera razón es que, dado que las consultas con los grupos poblacionales requieren de alta difusión y desplazamiento, se están viendo afectadas en cuanto a su desarrollo. La cuarta es la modificación de alcances y metas planteadas en el PDD, debido a la inminente afectación que tendrán los ejes estratégicos y sus sectores. Por último, los gobernadores creen que los inconvenientes presentados con los Consejos Territoriales de Planeación, a causa de las restricciones derivadas del decreto, no podrán expedir el concepto en los tiempos estipulados. Todas son argumentaciones que deben llegar a Planeación para que decida cómo trabajar con los departamentos en un contexto que no se esperaba.

El gobierno central debe trabajar esta nueva realidad económica, sanitaria y social de cara a las comunidades y con los gobernantes de turno, pues la realidad de confinamiento que se experimenta en las grandes capitales es muy distinta a la que viven en las regiones periféricas. Colombia es un país de 50 millones de habitantes que cuenta con más de casi un centenar de municipios con más de 100.000 habitantes con muchas carencias de comunicación y que están muy lejos de las argumentaciones de la cuarta revolución industrial o la revolución digital, pues la conectividad no es una realidad en la Colombia alejada de Cali, Medellín, Barranquilla o Bogotá. La carta de aplazamiento o de cambio de pilares en los planes de desarrollo que envían los gobernadores se convierte en una campanada de alerta sobre lo que puede suceder en el país durante el post-coronavirus. Colombia no solo es un país de regiones, sino de grandes fronteras no solo geográficas sino culturales y de pobreza. Ojalá el Gobierno Nacional tome nota y el DNP empiece a trabajar con los gobernadores en esa nueva realidad, para que el rezago no deje a las regiones con mayores atrasos a los que hoy tienen.

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