martes, 11 de agosto de 2020

Uno de las consecuencias de la crisis del covid es que la deuda de los países empuje a millones de personas al desempleo alimentando la inestabilidad de los gobiernos venideros

EditorialLR

Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía y profesor en la Universidad de Columbia y Hamid Rashid, jefe de Monitoreo Económico Global en el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, han advertido en un ensayo publicado en Project Syndicate que “desde la década perdida de América Latina en 1980 hasta la crisis griega más reciente, hay muchos recordatorios dolorosos de lo que sucede cuando los países no pueden pagar sus deudas. Una crisis de deuda global hoy probablemente empujaría a millones de personas al desempleo y alimentaría la inestabilidad y la violencia en todo el mundo”, una conclusión que preocupa pues las cifras de deuda externa para Colombia están disparadas al pasar de 43% a cerca de 65% al terminar este año, todo como consecuencia de financiar la crisis derivada del covid-19 acudiendo a la banca multilateral para evitar cargar con más impuestos a las empresas y las personas naturales.

Dicen los economistas que “mientras la pandemia continúa, más de 100 países de ingresos bajos y medianos todavía tendrán que pagar un total de US$130.000 millones en servicio de la deuda este año, alrededor de la mitad de lo cual se debe a acreedores privados. Con gran parte de la actividad económica suspendida y los ingresos fiscales en caída libre, muchos países se verán obligados a incumplir. Otros improvisarán recursos escasos para pagar a los acreedores, recortando gastos sanitarios y sociales muy necesarios”. Esta situación disparará el desempleo y caídas en el PIB y a la postre “obligará a muchos a buscar trabajo en el extranjero, lo que potencialmente abrumará los sistemas de control de fronteras e inmigración en Europa y América del Norte. Otra costosa crisis migratoria desviará la atención de la urgente necesidad de abordar el cambio climático. Estas emergencias humanitarias se están convirtiendo en la nueva norma (...) Los orígenes de la inminente crisis de la deuda actual son fáciles de entender. Debido a la flexibilización cuantitativa, la deuda pública de los países de ingresos bajos y medianos se ha más que triplicado desde la crisis financiera mundial de 2008. Los bonos soberanos son más riesgosos que la deuda “oficial” de instituciones multilaterales y agencias de ayuda de países desarrollados porque los acreedores pueden deshacerse de ellos por capricho, provocando una fuerte depreciación de la moneda y otras perturbaciones económicas de gran alcance”.

El problema ya se ha visualizado y el pasado marzo Naciones Unidas solicitó alivio de la deuda de los países menos desarrollados del mundo al Fondo Monetario Internacional que suspendió el servicio de la deuda durante el año, pero el verdadero problema son los acreedores privados que tienen un negocio legítimo como es comprar bonos o hacer préstamos directos. De la crisis económica derivada del covid aún no hemos salido, pero desde ya la deuda externa es un asunto que tiene que preocupar a los políticos, pues las consecuencias de esa explosión de deudas nunca se ha experimentado y ya en Colombia de los $314 billones de presupuesto planeado para 2021, cerca de $75 billones se van al pago de la deuda que no para de crecer. “La historia muestra que para muchos países, una reestructuración que es demasiado pequeña y demasiado tardía simplemente prepara el escenario para otra crisis”.

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