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EDITORIAL Las cosas con Venezuela hay que revisarlas
martes, 8 de junio de 2021

Colombia debe rediseñar su política de Estado con Venezuela, las cosas no pueden seguir como van. controlar la frontera es imposible, y es imperativo tratarlo como un buen divorcio

Editorial

Fidel Castro tomó el poder en Cuba en 1959 y lo entregó en 2008. Durante ese lapso, no solo logró empobrecer a su gente, borrar la propiedad privada, acabar con la economía de mercado, sino que “enterró” 13 presidentes de Estados Unidos quienes intentaron derrocarlo por todos los medios. Su mejor alumno es el socialismo del siglo XXI instaurado en Venezuela por Hugo Chávez en 1999, y continuado por Nicolás Maduro hasta la fecha. El alumno siempre supera al maestro y no solo acabaron con la propiedad privada expropiando empresas para entregarlas a los generales de sus fuerzas militares; destruyeron a Pdvsa con toda su industria petrolera y convirtieron a su gente en mendigos itinerantes por todo el mundo.

Entre Chávez y Maduro también han “enterrado” a cuatro presidentes estadounidenses e igual número de colombianos, todos detractores del sistema instaurado en el continente. Pero eso es política y geopolítica, paralelo a ello marcha el comercio, los mercados, el bienestar y la seguridad nacional.
Colombia ha sido el país más afectado por la instauración del socialismo en Venezuela. No solo es el primer destino de los migrantes de ese país, sino que era el primer socio comercial de las empresas locales, nunca se logró sustituir esos negocios e incluso varias factorías desaparecieron en el intento. El mercado venezolano ofrecía 2.600 kilómetros de frontera porosa y eventuales bonanzas petroleras en una economía bajo los efectos de la Enfermedad Holandesa que tanto benefició a Colombia, que en su punto más alto llegó a vender más de US$7.000 millones y a soñar con un oleoducto transnacional de Maracaibo hasta Buenaventura, para llevar petróleo al mercado del sudoeste asiático.

Desde 2013 la relación comercial entre Colombia y Venezuela ha sufrido una constante reducción. Las exportaciones se han contraído 87,8% y las importaciones 74,5%. En 2013 Colombia exportó US$2.255,82 millones a Venezuela, a octubre de 2018 el saldo solo llegaba a US$275,59 millones. Los principales productos que componen la canasta exportadora eran combustibles, aceites minerales, materias plásticas, manufacturas, azúcares, artículos de confitería, papel, cartón y productos farmacéuticos.
Es cierto que Venezuela no pagaba muchas cuentas y que albergaba guerrilleros y narcos colombianos, lo que llevó a que se rompieran las relaciones totalmente, se cerrara la frontera y que el Gobierno Nacional se igualara de tú a tú con los chavistas en un lenguaje procaz que tiene todo bloqueado. Pero si nos atenemos a las bondades de la diplomacia, hasta en las guerras más crueles los bandos en confrontación han tenido embajadores. Incluso Alemania tiene a su embajador en Caracas a pesar de las sanciones de la Unión. Estados Unidos le vendió petróleo a Japón hasta bien entrada la guerra en el Pacífico a finales de la Segunda Guerra Mundial. Colombia necesita repensar las cosas con Venezuela porque los dos países están hermanados y dependen uno del otro para resolver sus problemas. Lo más parecido a la relación entre los dos es un mal divorcio con casi dos millones de hijos migrantes, otros centenares de pródigos delinquiendo desde allá, y entre ambos postergando una situación que no va para ninguna parte. Nuevos tiempos, nuevas estrategias.

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